RUTTMANN Walter (1887-1941)

Die Synfonie der Grosstadt (Berlín: sinfonía de una ciudad) (1927: 6.5)

D) Cine frío y peligroso, que no se implica, pasa de largo, embobado o traumatizado por su propia entelequia, el cariz de enorme atractivo físico y colosal monstruosidad en que se convierte este lado del mundo. Berlín, 1927. Música e imágenes se retratan mutuamente: no es difícil imaginarse Berlín: sinfonía de una ciudad con música de Kraftwerk (el tecno gélido, milimétrico y alemán de los años setenta) y ni ganaba ni perdía, quedaba tal cual. Así como quien observa tras un cristal y ni se moja ni coge frío ni se entromete ni compromete;

i)                         moles arquitectónicas, el diseño y lo moderno: el diseño de la modernidad occidental, otra más humilde globalización. ¿Me atreveré a escribirlo? En letra menuda (tipo “Comic Sans MS”, tamaño 8): germen apático del nazismo. Tensión que percibimos por debajo de la superficie de las imágenes, como si algo se estuviera incubando, algo nefasto fuese a suceder. La tempestad que rompería en añicos la calma distanciada, aún en el bullicio de la ciudad, que contemplan, sin inmutarse, Ruttmann y sus ayudantes de cámara;

e) calma malherida previa al ataque del fanatismo, como esa gigantesca pecera que alberga a multitud de peces hacendosos hasta que alguien arroja al agua un objeto (por ejemplo, una calculadora) y estos se revolucionan, se agitan, y ya nada sería lo mismo... Pero los peces olvidan tras un par de segundos.

S) Peces o autómatas con un propósito sólo cristalino para ellos mismos: que su mundo inmediato, el de las relaciones laborales, funcione, y así funcionará el mundo, la ciudad, mole irregular, grandiosa y fea en la que caben todos, y todos al servicio de la supervivencia de la propia ciudad que les da cobijo y les otorga un destino:

y) similar revuelta y atractivo, en aquel cine documental heredero del futurismo y su fascinación por las máquinas (Star Wars, Blade Runner, Terminator) y los mecanismos, los materiales duros y artificiales y todo lo que tenga la apariencia de nuevo, reluciente y funcional;

m) el hombre frente a la máquina, al lado de la máquina, más admirado y absorto que preocupado por su manejo y utilidad primera; ¿la crítica, la rechifla, la visión amplia y disparada de Chaplin en Tiempos modernos? Ruttmann navega por el océano de la aceptación sin complejos, nada de romperse las vestiduras, adaptarse o morir: es el hombre nuevo y libre, por supuesto. Esos talentosos hombres sin visión de futuro, sin enorme catadura moral, al borde del nihilismo esteticista y formalista con ese llamado “absolute cinema” consistente en el acoplamiento (eso he leído) perfecto entre música e imágenes; esos hombres: Ruttmann, Karl Freund (productor), Carl Mayer (suya fue la idea), y otros. Hombres preparados para:

p) capturar el movimiento cuando éste “está sucediendo”, ni antes ni después, lo demás no importa, es el dinamismo de la ciudad lo que nos pone, el instante que desafía al estatismo y la pasividad, el movimiento perpetuo;

h) sin sensualidad ni alegría ni compromiso con el “progreso” con “p” minúscula, aquella pizca de humildad y de sospecha: atención, a dónde vamos, en manos de quién ponemos nuestros cuerpos (pegados a sus respectivas almas), y si no hubiese marcha atrás...

o) ...sin sabor. Determinismo de fábrica e industria, de producción en cadena, de relojes y transistores y ventanas y puertas automáticas, y los trenes y automóviles, ellos nos salvarán del pasado y nos introducirán en esa nave espacial que nos llevará al año 2008: aquí, ahora;

n) máquina es igual a determinismo, recogido por Ruttmann y compañía como esos atolondrados observadores de pájaros, entre científicos dementes y estetas ensimismados, esos que, llegado el caso (suele llegar “algún” caso siempre) se lavarán las manos: nuestra guerra es otra: la de su oficio y beneficio: el mundo de la política y la sociedad va por otro lado, así como un “new criticism” de losas y cristales y aceros, electricidad y vapor, sin contexto ni dicotomías ni referencias ni choques ni moral;

i)                         La dupla Coutard/ Godard algo si se inspiraron en este cine: o se lo olieron a través de otros; captar la sustancia cualitativa de una situación activa, una puesta en práctica de cualquier quehacer humano o inhumano; Jean Vigo en A propósito de Niza estaba del lado de la subversión y de la no aceptación de fenómenos incorporados porque sí: esas rendijas y sus ironías, esas grietas y su desnudez implacable. Ruttmann, demasiado embriagado, lineal y sin matices, ni sabe escarbar ni se eleva, se mantiene constante como un, faltaría más, mecano a batería con una duración de sesenta y pico minutos;

e) dictadura de imágenes, signos, letreros, neones;

la fascinación por el caos aparentemente ordenado de la ciudad y de este tipo de cine, gravitando sobre el concepto casi nihilista de la escasa presencia de significados;

cómo agita sus poderosas razones la tan amada fragmentación, esa que nos fragmenta, tan pre-Baudrillard:

casi un “post-“ previo al “modernismo” futurista y puro de aquella ciudad que fue Berlín.

 

 

D

 e

  r

 

    G

     r

      o

       β

        s

         t

          a

           d

            t

 

 

)1491-7881( retlaW ,NNAMTTUR