SÁENZ DE HEREDIA José Luis (1911-1992)

Historias de la televisión (Historias de la televisión) (1965: 4.5)

Justo después de esa joya del arte conceptual que fue Franco, ese hombre e inmediatamente antes de su adulta, inspirada y honda Fray Torero (es broma), Sáenz de Heredia pretendió llevar a cabo un “remake” de Historias de la radio pero ahora con el nuevo invento como protagonista: no era el turismo sino la televisión, que comenzaba a instalarse en casi todos los hogares españoles (de la burguesía, al menos, pues eran aparatos muy caros), y encima sin competencia de canales privados... ¡Aquellos maravillosos años, hasta 1991!

Producida por el magnate Pedro Masó, con guión de Sáenz de Heredia y de ese artista de la sutileza llamado Vicente Coello, y con música repleta de matices a cargo de Augusto Algueró, lo más destacado de Historias de la televisión es, ahora ya en serio, que está protagonizada por un impresionante elenco de cómicos de la casa. Entre ellos: Tony Leblanc, José Luis López Vázquez, Alfredo Landa, Antonio Ozores, Antonio Garisa, Manuel Alexandre, Francisco Morán o José Luis Coll. Entre ellas (siempre son pocas): nada menos que Concha Velasco, Gracita Morales y Rafaela Aparicio.

Conchita Velasco cantaba en esta película la famosa canción “La chica ye-ye” y nos daba una lección de por dónde iban a venir los tiros en el mundo del famoseo. Ella era capaz de cualquier cosa con tal de poder interpretar su canción en el Festival de Eurovisión, para lo cual debía convertirse en famosa “a priori”. Nefasta ecuación que, hoy, en el siglo XXI, hemos visto culminar en cientos de personas sin ningún talento que ansían, como gran aspiración vital, el ser reconocidas por la gente de la calle y acosadas por los periodistas del corazón. Warhol no fue (esto habría que repetirlo hasta la saciedad) un profeta sino un interesado iniciador de una podrida tendencia (palabra clave) consistente en destacar el poder de la imagen “en sí” (el “aparecer en la foto”) por encima de cualquier idea, profundidad, mérito, elocuencia o esfuerzo.

Historias de la televisión carece de la gracia absurda de su predecesora, es ñoña, sin chispa, sin distinción ni coartada emocional; sólo algunas frases sueltas (como sacadas de La Codorniz) se salvan (provocando tres tímidas carcajadas) y, si uno tiene el día simpático, pues también se sorprenderá con las muecas siempre disparatadas de Tony Leblanc (incluso haciendo de ilusionista chino), dispuesto a dar la tabarra a quien sea para ir a cualquier concurso televisivo y así conseguir saldar sus deudas existenciales: hace muecas, luego existe.