SICA Vittorio de (1902-1974)

Indiscretion of an American Wife (Estación Termini) (1953: 6.5)

La versión de Estación Termini que he visto dura 63 minutos y lleva por título Indiscretion of an American Wife (la voz dice, en español, Indiscreción de una esposa americana), así que no se trata de la versión original del amigo de Sica (Stazione Termini), que contiene casi media hora más, sino de la que se estrenó en los EEUU.

En esos 63 minutos uno observa en pantalla a dos peces fuera de su agua, Montgomery Clift y Jennifer Jones (sobre todo, él), a los que habría que añadir a otro detrás de la cámara, De Sica, que obviamente se siente menos cómodo trabajando con estrellas de Hollywood que con niños mal peinados o currantes sin reloj. Clift se muestra intenso y reiterativo, mientras que Jones, algo mejor, sobreactúa en los momentos de dulzura y de dudas.

El misterio: los personajes son incapaces de abandonar la estación ferroviaria y viven una pesadilla kafkiana (incluso son detenidos por la policía, que los pilla “in fraganti” en un vagón del tren) digna de El proceso de Welles y no tan lejana de El ángel exterminador de Buñuel. Y es que Jones y Clift no saben qué hacer ni cómo hacerlo: ni abandonan la estación arriesgando su felicidad, ni cogen el tren hacia París. Están atrapados por los sentimientos y, ella, por la zozobra de la culpa, al tratarse de una mujer casada con una hija de siete años.

El guión es de Cesare Zavattini y los diálogos de Truman Capote. La operación consistía en algo así como ofrecerle al limpiabotas un desayuno con diamantes. El resultado es flojo, desigual; los diálogos no son memorables y las situaciones son premiosas y repetitivas. Además, De Sica se empeña en enseñarnos niños hambrientos, mujeres con rostros apesadumbrados y hombres lascivos, todos ellos tirados por aquí y allá en los bancos y el suelo de la estación. Le regala a la Jones unos lindos momentos de piedad pero que subraya de manera descarada. No es una cumbre de la sutileza, esta película, aunque en su brevedad (el breve encuentro de hora y tres minutos entre Jones y Clift) contenga cierta emoción vehemente y algún toque simpático (como los curas pululando por la estación o el revisor que le hace muecas a la Jonestras el cristal).

La historia de la turista norteamericana que se enamora de un apuesto y viril italiano durante las vacaciones en La Bota constituye un subgénero en sí mismo (repasen). Otra cosa es que tengamos que creernos a Clift como italiano que chapurrea un perfecto inglés: se te aguó el neorrealismo, Vittorio. De Sica enhebra este producto italo-norteamericano con transparencia y honradez, pero los numerosos e indiscretos énfasis melodramáticos y aclaratorios, encadenados en tan corto metraje, son impropios de un gran director de cine. Indiscreta pero aplastante conclusión: de Sica (pese a algunas películas más que estupendas) no fue un gran director de cine.