SIEGEL Don (1912-1991)

The Duel at Silver Creek (Duelo en Silver Creek) (1952: 8.5)

Duelo en Silver Creek es una de las primeras películas de Don Siegel (que llegó a rodar  con Luis Marquina una obra en España, Spanish Affair), el realizador de las extraordinarias La invasión de los ladrones de cuerpos (1956), El pistolero (1976) y Fuga de Alcatraz (1979) y de las muy estimulantes Código del hampa (The Killers, 1964), Brigada homicida (Madigan, 1968), La jungla humana (Coogan’s Bluff, 1968), Dos mulas y una mujer (1970), Harry el sucio (1971) y El seductor (The Beguiled, 1971). Es uno de los grandes, de esos sin enorme reputación: el cine de género marcadamente masculino y la tendencia a la violenta sequedad no le han ayudado. Tampoco que su cine parezca, como en este film, plano, simple y mezquino en emociones.

Western breve (hora y cuarto), ortodoxo en su trama pero extraño en sus inauditas imágenes: así, nunca había visto a una mujer, la actriz Faith Domergue (la de La casa de los siete cadáveres y otras muchas joyas “Z”), estrangular a un hombre ya moribundo, en su lecho, aprovechando que les han dejado solos, cuando se supone que ella es enfermera y le va a auxiliar. Domergue es la mala de la película, de nombre seductor: Opal Lacy (“Ópalo” Lacy). Y no recordaba, fuera de parodias, a un sheriff tan torpe como Stephen McNally (que sale en Winchester 73), incapaz de dar un paso sin poner su vida en peligro. A pesar de su sobrenombre, Lightning (“Relámpago”), una lesión en la mano diestra le impide disparar como Dios manda. Por suerte, cuenta a su lado con Audie Murphy (el americano impasible de Mankiewicz), el joven The Silver Kid (“El Niño de la Plata”, como un torero), que vigilará sus pasos para que el veterno “marshal” no sea asesinado por los malos, comandados por Gerald Mohr (lo vemos en Gilda), Rod Lacy, que se dedica a extorsionar a granjeros y buscadores de oro, exigiéndoles un impuesto revolucionario a cambio de vivir: normalmente los matan y punto.

Imposible olvidar, en esta obra del Oeste tan corta, divertida, “pure entertainment”, a otros personajes sin parangón: Eugene Iglesias (que sale en Río Bravo) como el siempre sospechoso-de-algo Johnny Sombrero; James Anderson (que aparece en Matar a un ruiseñor) como el siniestro Rat Face Blake (“Cara de Rata” Blake); Susan Cabot (la de The Wasp Woman, de Corman) como la decente y encantadora Jane “Dusty” Fargo (Jane “polvorienta” Fargo), por no hablar del gran Lee Marvin, en uno de sus primeros papeles, aquí como Tinhorn Burgess (“Cuerno de hojalata” Burgess). Un catálogo modesto pero genial, olvidado pero irrepetible.

Y para carcajearse es el cartel anunciador del film en español (presumo que el original):

 

EMOCIÓN SIN LÍMITE,

UN PELIGROSO

ROMANCE

***Y UN***

ENFRENTAMIENTO

ARMADO

INIGUALABLE!

 

En realidad, muy poco de eso hay en el film, pero tanto mejor para el espectador curado de espantos pero que se merece una buena ración de cine en una noche invernal. Emoción hay poca; peligro, algo más, pero tampoco exageremos; romance, unos besitos; lo de enfrentamiento armado inigualable suena a chiste. Y así y todo, ésta es una película de buenos sin doblez, de mala con doblez, de malos sin nobleza y de diversión de un pieza. En suma: Don, en lo que a mí respecta, suma y Siegel. Acción, “fun”, recreo sin titubeos. Puro celuloide.