SIRK Douglas (1897-1987)

Sleep My Love (Pacto tenebroso) (1948: 8.0)

Hacía bastantes años, unos siete, que no veía una película de Douglas Sirk, y ya me apetecía probar de nuevo con el cine suyo por mí conocido: exacerbado, de marcados colores y desatadas pasiones, encabezados con títulos como de folletín degustado por ese tipo de señoras de setenta años que aún admiran la belleza resistente de una Lee Remick, es un decir.

Recuerdo con nitidez haber visto Obsesión, Escrito sobre el viento e Imitación a la vida. Y seguramente alguna otra obra suya también de los años cincuenta, pero ahora no caigo.

Así que conocer al Sirk previo, esta especie de mago del suspense de segunda división, ha supuesto un grato descubrimiento, ya que el director alemán cumple notablemente con su cometido. Por esos mismos años, grandes directores como Lang (Scarlet Street, etc.) y Preminger (Whirlpool) andaban en proyectos similares, sacando de sus chisteras brillantes fantasmas obsesivos donde no siempre los había.

Claudette Colbert, Robert Cummings, Don Ameche y Hazel Brooks forman el reparto de este “thriller” en blanco y negro en el que una mujer (la pobre Colbert) parece enloquecer sin estar, que se sepa, loca. Por contra, la joven esposa tiene toda la pinta de estar bien sana.

Se trata de todo un subgénero en el cine norteamericano de la época: el de la construcción de la mujer neurótica, paranoica, demente o, en todo caso, insegura de sí misma, esa que años más adelante Robert Aldrich elevaría al cuadrado en su doble retrato desquiciado de What Ever Happened to Baby Jane? y Hush… Hush, Sweet Charlotte.

Eran momentos en los que el psicoanálisis y la hipnosis contaban con muchos adeptos también entre los escritores, guionistas y directores de la época (el Preminger de Whirlpool, por ejemplo). Así, Claudette Colbert, como las protagonistas femeninas de Gaslight (Cukor) o Dark Waters (De Toth), sufren la tortura psicológica de unos hombres dispuestos a enloquecerlas a cualquier precio: mediante alucinógenos, pesadillas y apariciones de horribles psiquiatras de gafas oscuras. Unos hombres con pocos escrúpulos que las quieren sustituir por otras más jóvenes y bellas y aprovecharse de su dinero.

En Pacto tenebroso (así se llama Sleep, My Love en castellano) el marido de Colbert, D. Ameche, lo tiene claro, y no duda entre su encantadora esposa y la turbadora vampiresa Hazel Brooks. Ameche, en este sentido, recuerda muchísimo a algunos personajes masculinos de Mankiewicz o Cukor (no tanto a los de Lang o Preminger), hipócritas con máscara en pos de sus egoístas intereses, dignos personajes de puertas afuera, doctores Jekyll de cara a la (alta) sociedad; mientras, sus señores Hyde de la baja suciedad planean tretas terribles por las noches, con el fin de que sus mujeres sufran, se desesperen, mueran y así les dejen en paz.

Pacto tenebroso se desarrolla en un perpetuo clima de Sospecha (Hitchcock, con otro hombre malvado), aunque Colbert se sienta culpable cuando le vienen los malos pensamientos sobre las posibles intenciones de su calculador, amable pero frío marido. Por suerte, como tantas veces, aparecerá el tercer hombre, aquí Cummings, que cumple con su misión de salvar la vida de la chica buena y conseguir así también (dejémonos de máscaras y de desintereses) meterla en su lecho tras el The End, elipsis sin retorno.

(Me gusta este Sirk que aún no es Douglas Sirk, de la misma manera que disfruté con Los dominios del lobo, escrito cuando Marías aún no era Javier Marías, o como me encanta el álbum “War”, de cuando U2 todavía no eran U2 y Bono todavía era medio humilde)