SOJO Kepa (1968-_)

El síndrome de Svensson (El síndrome de Svensson) (2005: 0.0)

Ya que, según he leído con pasmo creciente e incredulidad menguante, el vasco Kepa Sojo es profesor de “historia del cine”, nada menos, en la Universidad del País Vasco, habrá que suponer, si no queremos lanzarnos ya mismo a su yugular, que en un día tonto decidió pisotear todo lo que había estudiado, investigado, aprendido o incluso amado, sacrificando su carrera académica y mera vergüenza torera con gran arrojo, y todo con el fin de realizar “la primera película del absurdo pop”, ambiciosas palabras que leo en la carátula del DVD.

En volumen de pretensiones pocos podrían derrotar al colega Sojo aunque, claro está, cuando alguien se mueve, como sin duda él lo hace, en el ámbito gamberro, post-cinematográfico, “deconstructor” y Pop, es justo que pueda permitirse tales eslóganes.

Pues de eso se trata: de lemas y eslóganes, de burdos estereotipos e hipérboles, de la metodología del vídeo-clip musical y del clip publicitario. Se trata de diseñar un audiovisual chillón, una cursi “paranoia de puta madre” que (según pensará este bravo vasco) se ríe de todo y con todos ofreciendo personajes muy “locos, patéticos y geniales” (que nos representan a todos, etcétera) y, encima (con ironía que también será Pop, qué duda cabe), conseguir los parabienes económicos (en forma de subvenciones) del Ministerio de Cultura, además del apoyo monetario de varias comunidades autónomas, al menos que yo recuerde el gobierno vasco, el valenciano, el de Castilla-La Mancha y acaso algún otro más… No hay nada más español, en eso le doy la razón al señor Sojo, que echarle morro a la vida: esa es la moraleja que se desprende, en el nivel micro y macro-textual, por arriba y por abajo y al centro y “pá dentro”, de esta inmensa gilipollez llamada El síndrome Svensson, que retoma con torpeza cósmica ciertos elementos de la Movida y del primer Álex dela Iglesia (Acción mutante), del renacimiento hortera que supuso Airbag (y luego Año Mariano, por no hablar de Torrente…) e incluso de películas más respetuosas y cuidadas pero que también se enfangan en el universo del cómic y de la aparatosidad sin un mínimo de miga, tipo El milagro de P. Tinto

Es cierto que no llegué a ver más de 60 minutos de película; sin embargo, ahora mismo me considero un héroe. Cualquiera con una sola bombilla encendida en el cerebelo apagará la pantalla tras un par de minutos, pues a esta (repito) inmensa gilipollez se le ve de inmediato el plumero, hasta convertirse por derecho propio, ya tras cinco o seis minutos de proyección, en una de las películas más mentecatas y cenutrias de la historia del cine (tanto que no creo que agrade ni siquiera a los “nocillas” tipo Jordi Costa, Alaska, el director del MUSAC o Agustín Fernández Mallo)… Ah, eso sí, supongo que no de “la historia del cine” que enseñará el intelectual Sojo que, sospecho, comenzará en Pulp Fiction, ni siquiera en Reservoir Dogs.

Dicho lo cual, y ya completamente en serio, a mí los que me preocupan (y lo escribo, repito, completamente en serio) son los alumnos que, en los últimos años, hayan asistido a las clases de historia del cine (dentera “svenssoniana” me entra) del “scholar” Kepa. Porque si este señor supo encontrar financiación para realizar esta atronadora idiotez es que es astuto como un zorro: me da que una generación de estudiantes de cine vascos (que ya están estrenando películas) va a rebajar el nivel del séptimo arte hasta que parezca un polo de limón.

Cándida pregunta: tras el bochornoso pedazo de grimosa caspa ultra-española contemporánea que supuso El síndrome de Svensson, ¿no fue el catedrático Sojo fulminantemente cesado, defenestrado de su afamada universidad pública en medio de una violenta  tomatada? ¿No habría sido (no fue, no fue…) el único fin poético, justo y post-posmoderno que hubiera justificado tales subnormales medios?