SOKUROV Aleksandr (1951-_)

Mat’ i syn (Madre e hijo) (1997: 9.5)

Paisaje 1: el periódico El País, que a día de hoy (noviembre de 2008) sigue siendo el más creíble y responsable de España, debería prestar más atención a los titulares de sus noticias. Así, fechado a finales de octubre me sobresalta lo siguiente: “Las mejores 500 películas de la historia”.

¿Cómo? Ah, de acuerdo, precisemos: es una encuesta de la revista norteamericana Empire elaborada por 10.000 lectores, 150 profesionales de Hollywood y 50 críticos; sospecho que la mayoría de ellos (sino todos) ciudadanos de los EEUU. Y el resultado es el previsible, parecido al de Internet Movie Data Base; las obras más votadas son “todas ellas” norteamericanas y, en general, relativamente recientes y pertenecientes a subgéneros violentos: El Padrino, En busca del arca perdida y El imperio contraataca (¡de Irving Kershner!) forman el alucinante podio. Luego están Tiburón, Cadena perpetua, Uno de los nuestros, Apocalypse Now y (en gesto casi heterodoxo) Cantando bajo la lluvia. ¡Viva el narcisismo! ¡Viva la (no huyamos de las palabras) patriótica ignorancia!

El País podría, ya que decidió publicar esta noticia (algo evitable, en todo caso), haber titulado de otra manera; como mínimo así: “Las 500 mejores películas norteamericanas según el público, los profesionales y la crítica de los EEUU”. Un titular largo, pero el único acertado. Las migajas que, según el artículo (no firmado), los yanquis dan, por ejemplo, a Erice (al parecer, El espíritu de la colmena está entre las cien primeras) no deberían desconcertarnos. Es parte de la malsana maniobra de generalizar la tontería pero, claro está, desde un perfil solidario: yendo de abiertos, generosos y cosmopolitas. Puro paternalismo interesado.

Madre e hijo, que es más hermosa, emocionante y honda que cualquiera de los tiburones mencionados, ¿estará en esa lista de las 500? ¿Acaso en el puesto 463? La respuesta sólo puede ser ésta (y tendría que haber sido la de El País): ¿Y qué más da? Hay que librarse de una vez por todas del complejo de inferioridad respecto del amigo americano.

Paisaje 2: Escribía el poeta Luis García Montero en un espléndido artículo (“Teoría del Sur”, El País, agosto de 2008) algo relacionado, se quiera o no ver, con el Paisaje 1:

 

El dogmatismo es la prisa de las ideas, el acomodo a los discursos establecidos por encima de nuestra conciencia, el sacrificio de la responsabilidad propia en el altar de una verdad nacionalista, religiosa, partidista o mediática. Quien vive con prisa dice lo primero que se le ocurre, lo que corre al lado de él. Así que anda de cabeza y piensa con los pies.

 

Paisaje 3: Dos tiras de Mafalda (Mafalda 1, Quino, Lumen, 1994). En la primera, Felipe le explica a Manolito un tebeo de El Llanero Solitario: “Este es Joe Crane, un malvado que les vende armas a los apaches. Pero el Llanero Solitario está al tanto de todo, ¿ves?” Primer plano del “Lone Ranger”, que asegura: “¡Impediré que Joe Crane continúe vendiendo esos fusiles a los apaches!” El cabreo del capitalista Felipe es de órdago: “¿Y QUIÉN SE CREE QUE ES EL MASCARUDO ESE PARA VENIR A COARTAR LA LIBERTAD DE COMERCIO?”. En la segunda tira, la nada ingenua Mafalda se dirige a un policía: “¿Usted es bueno, Don Policía?” Él responde: “Los policías somos todos buenos”. Mafalda repara en la pistola que cuelga del cinto del policía y, alejándose de él, medita: “Empiezo a comprender cómo funciona la bondad”.

(Observemos de nuevo la lista de Empire, descontando, a estos efectos, si se quiere, Cantando bajo la lluvia)

Paisaje 4: Sokurov manipula sabia y tersamente lo fotografiado, que era más o menos fotogénico, para hacerlo pictórico, espiritual, eterno. Arte no reducible a cenizas de “blog”. Coproducción germano-rusa de poco más de una hora, con los fabulosos actores Gudrun Geyer y Aleksei Ananichnov en los dos papeles protagonistas y únicos, Mutter und Sohn (el título alemán de la obra) está en el olimpo del cine esencial y atemporal. A este espectador le resultó desalentador “salirse de” la película: no quería que finalizara, deseaba quedarme dentro, en su textura, árboles y poderoso cielo, en su viento, paisaje y su amor sin enredos; en sus dos personas, la madre y el hijo, la vejez y la juventud, la vida y la muerte, ay; porque “demasiado amor”, como señalaba el propio director ruso en una entrevista (concedida en Barcelona en 2005) incluida en el DVD, “no es bueno”.

Paisaje 5: Él la lleva en brazos, ella se está muriendo. El hijo, la madre. La imagen pura, desnuda, estilizada y pulida pero no descuartizada mediante acelerones, tampoco sedada a base de tranquilizantes. El carácter ruso, acaso, pese a la universalidad de la película, esté ahí presente, incluso flotando; Razumov, el atractivo protagonista del festín literario llamado Under Western Eyes, de Joseph Conrad, es descrito por el activista Haldin con las palabras “unstained, lofty, and solitary existences”. Una existencia (traduzco aproximadamente), o unas existencias, “solitarias, orgullosas, sin mancha”.

Paisaje 6: Melancolía, resignación, dureza, terquedad, humanidad. El cine ruso que viene de Tarkovsky (pensé en Espejo) pero que se acerca más y mejor al hombre, a la mujer, y se deja de salmodias abracadabrantes. El cine ruso que llega, hasta donde yo sé, a un film como el fulminante El regreso (Zvyagintsev), cine de naturaleza  y redención en la naturaleza, el espíritu se pasea entre los árboles (y el peligro), el espíritu del ser humano no abandonado al odio o a la pura “cultura”, en la peor acepción del término (Warhol, las grandes superficies, los chicles, la moda…). Árboles, estepas, vegetación, agua, aire. Qué conmoción, Madre e hijo, inesperada, en su sencillez, en su insistencia en “ellos” y el paisaje que los envuelve y el cielo que los aplasta, y ella que se está muriendo, y él que la transporta, como en una Balada de Narayama rusa, en sus últimos suspiros de vida, con infinito amor y escasas palabras. Comunión con el paisaje y con los personajes a cargo del espectador que huye de los tan agresivamente canónicos vídeo-clips de prestigio (Kill Bill, Oldboy, incluso Crash…), para intentar evitar el contagio de una terrible enfermedad o fenómeno nefasto que me gustaría llamar con este largo nombre: Éxtasis, Popularidad y Apogeo de la Prisa de las Ideas, los Pies (y los Testículos) Que Dicen Pensar y la Cabeza Que Se Acomoda.

Paisaje 7: Madre e hijo es la versión cinematográfica (los papeles de ella y él algo cambiados, pero no tanto) de la asombrosa y misteriosa Piedad Rondanini de Miguel Ángel.

Paisaje 8: Sokurov es uno de los grandes. Habríamos de andar, que no correr (para qué adelantarlo, si no sabemos cómo), a su lado; no al otro lado.