STURGES Preston (1898-1959)

Sullivan’s Travels (Los viajes de Sullivan) (1941: 7.0)

Sullivan’s Travels, el cine dentro del cine (bla, bla, bla). Sátira de Hollywood, pero defensa a ultranza de Hollywood. Parodia del neorrealismo antes de que naciera el neorrealismo: no pudo evitar su aparición. Brillantez domesticada.

Sabemos que la risa puede ser antídoto frente a desgracias, ofensas y tragedias. Sabemos que la risa puede ser un arma de control: el que se ríe no piensa, no reconsidera su situación. Sturges, al servicio de la risa, en ambas vertientes. El protagonista, el director de Hollywood (Joel McCrea), aprende la lección: mejor hacer reír a los pobres mediante dibujos animados que mostrar en pantalla pedazos de realidad sin maquillaje, con solución.

Luego nos dirán algunos expertos que, al contrario que, por ejemplo, en la antigua URSS, la Italia de los setenta o la corriente social británica, en EEUU no se realiza normalmente cine político; y es que los americanos prefieren, modestamente (qué perversión), entretener con “buenas historias” a espectadores ilusionados. No son pretenciosos, etc.

Pues escribiré algo que no debiera sorprender: Los viajes de Sullivan es tan política como El acorazado Potemkin, Soy Cuba, La salamandra o Rambo, no menos política que Z, Sacco y Vanzetti, La canción de Carla o Los lunes al sol; otra cosa es que, como giramos alrededor de la órbita de Hollywood desde siempre, sus productos nos parezcan los naturales, los términos “no marcados”, como se dice en lingüística (el género masculino, por ejemplo, suele ser el no marcado frente al femenino, etc.).

Porque Los viajes de Sullivan, rodada con eficacia, gracia y funcionalidad, contando con buenos actores y un guión (entremos en su juego) cosido y magnífico, es un pedazo de ideología liberal al servicio de ese calmante llamado risa y de esa divinidad denominada dinero, al servicio del control social; una película cercana al “mejor reír que llorar”, que escurre el bulto en el tormentoso asunto de “la risa va por barrios” y “el que ríe el último...”, etc. Mejor vivir de rodillas que morir de pie: esto es ideología. Gustará más o menos, pero proponer un menú vital de explotación humana y laboral y, a ratos,  evasión total, es ideología. Capitalismo, mercado, liberalismo, oferta, demanda. Las cosas, por su nombre.

Cómo decirlo: a mí el Preston Sturges de la tan canónica, universalmente considerada y homenajeada Los viajes de Sullivan me parece que juega más sucio que Capra y es más frío que McCarey; se muestra menos sutil que Lubitsch y con menos “punch” social que La Cava; cuenta con menos sensibilidad que G. Stevens y menos perspicacia que Cukor; es mucho menos subversivo que Wellman y se empequeñece al lado de Chaplin. ¿Habría también que hablar de otros contemporáneos suyos como Hitchcock y Vigo, Renoir, Neville o Lang para terminar de poner en su sitio a Sturges? No seremos crueles.

Resumo mi parcial decepción (esperaba más de Sullivan’s Travels; era uno de esos títulos míticos que “siempre” había tenido ganas de ver) con esta declaración asombrosa: del mismo año 1941, y sin salirnos de los EEUU, prefiero la olvidada comedia (ingenua, musical y sin coartada, pero con magia) Pot o’ Gold (de G. Marshall, con James Stewart) antes que el mensaje obvio, explícito, brillante pero mecánico de Los viajes de Sullivan.