ASHBY Hal (1929-1988)

Being There (Bienvenido Mr. Chance) (1979: 9.0)

Being There es una cautivadora muestra de cine norteamericano penetrante, misterioso, melancólico y profundamente divertido. Pocas veces me he reído tanto en mi vida, gracias, claro está, al gran Peter Sellers. Gracias, también, al guión de Jerzy Kosinski (esos valiosos europeos emigrados a los EEUU), basado en la novela del propio autor.

Being There es una prodigiosa pieza de cine norteamericano desafiante, vigilante y ambiguo, sustentado en los tradicionales cánones de la “buena historia” (el sólido y atractivo guión) y unos intérpretes que cosen su papel, la vieja asunción del “como anillo al dedo” que aquí se adapta a las mil maravillas; y demás metáforas. Lo de Peter Sellers es escalofriante. Shirley MacLaine está bellísima, frágil y encantadora. Y los veteranos Melvyn Douglas y Jack Warden cumplen de manera magistral su labor de importantísimos secundarios.

Being There, llamada en España (siguiendo a Berlanga) Bienvenido Mr. Chance, puede verse (al menos) de dos maneras. La primera, como una bienintencionada y generosa obra en torno a un personaje marginal, especial, diferente, que sale tardíamente del cascarón para, durante un tiempo, integrarse (malamente) a un mundo que hasta entonces lo ha mantenido en el anonimato. El “nobody” que se convierte en personaje famoso de la noche a la mañana, el sueño americano. El todo es posible: la verdad está en las cosas pequeñas, simples, naturales, directas. Sin disfraz ni ocultación ni conceptos refitoleros ni turbias operaciones de cálculo. Viva la honestidad, la inocencia, el buen salvaje, si se me apura.

En otro sentido, sería una malintencionada y extremadamente aguda película sobre la tontería reinante en las altas esferas de poder, a las que un ignorante y estúpido ser que ni piensa, ni siente ni padece llega a acceder con toda facilidad y convertirse nada menos que en consejero del Presidente; por el camino, y sin buscarlo, consigue que todos los focos de los “media” se dirijan hacia él, hacia su talante sereno (medio estoico) y su positivo mensaje de optimismo y paciencia: el país como un jardín, los ciclos económicos como los ciclos de la naturaleza. “Let it Be”, que decía John Lennon. Provoca carcajadas de irrisión e incredulidad, y dan ganas de gritar que el rey está desnudo. Cualquier imbécil puede ser el no-va-más.

En cualquier caso, la tradición norteamericana que aúna ambos aspectos (que no son contradictorios, pese a lo que parezca, sino complementarios o dependiendo del “eye of the beholder”, el ojo que mira) es evidente. Ya existía en Capra (Juan Nadie, etc.) y La Cava (My Man Godfrey, etc.) y sus don nadie que, de pronto o por golpes de suerte, se hacen un hueco en la alta sociedad y hasta en el corazoncito del americano medio. Cómo no recordar, también, El invisible Harvey (Koster), con aquel James Stewart, buen tipo por excelencia, ingenuo y todo bondad, cuyo amigo era un invisible conejo gigante: en Being There parece en ocasiones como si Sellers escondiera también la existencia de algún ser imposible semejante... Qué sé yo: a lo mejor hasta una invisible pero enorme planta carnívora, como el personaje principal de La tienda de los horrores, la estupenda película de Corman.

Being There es la historia, por ambas vertientes, de un sueño americano que toca a señores desfavorecidos, raros o deficientes: posteriores a Bienvenido Mr. Chance se pueden nombrar filmes (que gustan a la Academia de Hollywood) como Rain Man (Levinson), Forrest Gump (Zemeckis) o Una mente maravillosa (Howard), con Hoffman, Hanks y Crowe realizando un tipo de papel no muy distinto del que Sellers preparó (y de qué forma) para el film de Ashby. Y, añadamos que, en su mero esqueleto, Bienvenido Mr. Chance no es sino una variación sobre la previa y famosísima película británica Mary Poppins (el que llega de fuera a una casa con conflictos y termina arreglando el desaguisado) y la posterior y también muy popular película australiana Cocodrilo Dundee (el conflicto entre la domadora civilización urbana y el hombre, el “outcast” cuyos pensamientos están libres de las ataduras de la diplomacia, las apariencias y las cortesías de sociedad).

Pero hay dos aspectos más que considero interesantes relacionados con esta película de Ashby, que a su vez conecto con otras dos obras cinematográficas. Una es Lo que queda del día (Ivory): la inmaculada historia del mayordomo (no “para todo”, como en la españolada) profesional, impoluto, inglés, modesto y eternamente tímido, que no logra ser más que mayordomo toda su vida, sin vida exterior, emocional, sexual o intelectual. Es en el interior de sí mismo y en la casa en la que trabaja donde el mayordomo A. Hopkins juega todas sus bazas... y no llega a romper el cascarón en la sensiblemente refinada película de Ivory y Merchant. El Sellers de Being There no está lejos de ese perfil, aunque el guión y la película de Kosinski y Ashby justo recojan el comienzo de su vida “pública”, una vez que el amo (“the old man”) ha fallecido.

El segundo elemento, más iconoclasta, querría yo enlazarlo con una obra más reciente, Cómo ser John Malkovich (Jonze), cuya coincidencia de tiempo verbal con el título de Ashby (la de Jonze se llama Being John Malkovich) es más que sospechosa. El humor es similar: se inspira en el contrasentido, el malentendido perpetuo, el estar y no estar, en la insatisfacción mal asumida, en las ganas de ser otro, en el incesante deseo de realizarse de otra manera, en otro lugar, con otras personas. También en Being John Malkovich (con una propuesta más “video-clipera” y posmoderna: son los tiempos y es Jonze) el personaje principal se asoma a un mundo que le es desconocido, que encuentra atractivo pero que no llega a descifrar. También en Being John Malkovich el sarcasmo, el “understatement” y una corrosiva utilización de las convenciones sociales y los sobreentendidos profesionales muestran hasta qué punto nuestro mundo se sostiene en el lenguaje y en la ilusión de ser originales, distintos y, a la vez, estar en paz con nosotros mismos. Todo no puede tenerse...

Dicho lo cual, la razón por la que considero Bienvenido Mr. Chance una de las grandes películas norteamericanas de su momento (no era mal momento: Fuller, Eastwood, Coppola, De Palma, W. Allen, Scorsese, Peckinpah, Rafelson, Penn, Malick, Aldrich, Schaffner, Benton, Spielberg, Cimino, Carpenter, Rudolph, etc.) es porque, repito, me ha hecho reír como muy pocas en toda mi vida. Cada respuesta y comentario del Mr. Chance caracterizado audaz y portentosamente por Sellers es un tratado de lógica y absurdo, al mismo tiempo, un monumento al “sigue buscando”, al “de todo hay en la viña del Señor”, al “de tan bueno parece tonto” o, incluso, y perdonen las ínfulas, al “más vale morir de pie que vivir de rodillas”. Todo muy raro, cautivadoramente raro. Lo difícil era estar allí, “being there”.