TANNER Alain (1929-_)

L’homme qui a perdu son ombre (El hombre que perdió su sombra) (1991: 2.0)

Acaso influido por el menos afortunado Antonioni (el de Reporter) y por los residuos seguramente nunca digeridos de la Nouvelle Vague (1990-1994 son años de revisionismo de Godard: Carax, Kassovitz, Kar-Wai, R. Crowe, K. Smith, Jarmusch, Tarantino, etc.), Tanner se puso estupendo; se calzó un traje morosamente existencialista, con babuchas de cuadros y barba de cuatro días, en una obra, El hombre que perdió su sombra, deplorable en los 42 minutos que logré aguantar y que certifica que quien perdió su sombra fue el autor de La salamandra. Sobre el ridículo sin interrupción que supone esta película, suscribo las palabras de C. Aguilar (Guía del cine, edición de 2006), con el que a veces estoy al 100%, “hand in glove”:

 

Bodrio particularmente plúmbeo, que parece datar de veinte años antes y que incurre en todos los lugares comunes del cine de “qualité” europeo (ritmo premioso, diálogos retóricos, personajes en crisis, espacios vacíos y un largo y patético etcétera), a partir de un guión lamentable.

 

Los peores diálogos de la historia del cine, en ningún caso superiores a los de Las minas del rey Salmonete.

Las más bajas estrategias de puesta en escena, dignas de un insigne impostor.

El más nefasto actor del planeta Tierra, un insufrible Dominic Gould.

Película que habilita a los reaccionarios del mundo, empezando por los españoles, a tomarse a rechifla cualquier atisbo de ideal o compromiso ligeramente de izquierdas.

Vergüenza ajena: ver al gran Paco Rabal haciendo el tonto y diciendo tonterías.

Cine sonrojante por detrás y por delante.