TOURNEUR Jacques (1904-1977)

Anne of the Indies (La mujer pirata) (1951: 7.5)

Jean Peters es Anne of the Indies, La mujer pirata en español de Suevia. ¿Lo hace bien como pirata? ¿Lo hace mal en papel tan masculino? No está claro: es opinable. Se ha desperdiciado demasiada tinta en impresiones y discusiones sobre si tal actor es bueno o malo. Es la tradición teatral: en el cine, tal consideración es secundaria.

Según Aguilar (en su guía de cine), la Peterslo hace fenomenal. Según Maltin (en la suya), la Peters no es siempre creíble en su papel.

Da igual; aunque, cierto es, no siempre “todo” es defendible: ¿quién mantendría que Gregory Peck “no lo hace bien” en Matar a un ruiseñor? Lo que no sabemos es si su interpretación es excepcional porque actúa “mucho” o porque actúa “poco”. Los paradigmas de Wayne y Brando siguen enfrentados y, asumo que afortunadamente, no hay acuerdo. ¿Y entonces, Jean Peters en La mujer pirata?

Pues bien, gracias. Se esfuerza lo suyo. Nos la presentan como una firme, despiadada pero “razonable” capitana (Providence), pero en cuanto aparece por allí Louis Jordan (un Michael Jordan de los encestados femeninos), nuestra Peters se derrite. Hasta le cambia la voz, a la pobre: de dura y sucia pasa a zalamera. En cuanto Jordan le habla de la belleza de París, la fiera capitana se desmorona sentimentalmente. ¿”Se desmorona” bien? Supongo que sí, gracias: se desmorona como Dios manda.

Technicolor, la Fox y el Tourneur exótico y colorista de El halcón y la flecha, más que el tenebroso de I Walked with a Zombi o el zumbón de La comedia de los terrores.

Aventuras, romance, traiciones, disputas, celos, duelos a espada, cañones disparando, espléndidos barcos y portentosas velas en el ancho y azulísimo mar.

Un triángulo protagonista (como en tantas películas de barcos y piratas).

Y un final inspirado, en el que la “ruthless” Peters se arrepiente de haber jugado demasiado sucio (incluso para un pirata) y entretiene (luchando, suicidando a sus hombres y a sí misma) a Barbanegra, su antiguo mentor, posibilitando así la huida de los dos enamorados, Jordan y la resplandeciente Debra Paget.

Un final que me ha recordado con claridad al de Charles Laughton en El capitán Kidd (otra de piratas, de Rowland V. Lee); y también, y no sé bien por qué, al de Marruecos del maestro Joseph Von Sternberg. Quizás por la arena; o acaso por la eventual sumisión de Ellas, fuertes actrices a las que pagan para que sus personajes terminen rindiéndose honorablemente.