AUZ Víctor (1935-_)

Codo con codo (Codo con codo) (1967: 3.5)

El gallego Víctor Auz dirigió en 1967 su único largometraje, protagonizado por Micky y los Tonys, Massiel y Bruno Lomas, todos ellos cantantes y músicos del momento. La película parece una más de las obras destinadas a promocionar a artistas españoles de su época, propósito tan respetable como aborrecible y que, con la democracia, casi desapareció.

Massiel contiene la mandíbula, no exagera demasiado y su estampa es la de una chica moderna, guapa y europea. Lomas parece el viril y hermoso español de toda la vida, viviendo en la era Pop, eso sí, como cantaron años más tarde Los Flechazos (el Mod español). Y Micky es el bufón, hace locuras de poca monta e intenta equilibrar el taburete amistoso, sociológico y cultural junto con Massiel y Lomas. Todos cantan y su sueño es ser personajes famosos, algo que ya aparecía de manera explícita en Historias de la televisión en 1965, con Conchita Velasco de estrella invitada. Una herencia, vaya, que está alcanzando sus más altas cotas en el siglo XXI, con programas como Operación Triunfo, cuyo título lo dice todo y sin matices.

Acaso esa sea la única herencia de aquel descerebrado, muy decente y, a ratos, gracioso pop español (o detestable, como Pajares y su “Drácula ye-yé”) de los sesenta y setenta. Pop musical y pop cinematográfico, en la línea de lo que se andaba haciendo en otros países e industrias. 1967 fue un año hilarante, en el caso que nos ocupa. Mientras los maestros del clasicismo se retiraban, voluntaria o involuntariamente, y el aún muy joven Godard afirmaba que “el cine se había terminado”, los diseñadores y estetas de la publicidad entraron a saco en el séptimo arte, estableciendo una coyuntura que permitía tonterías psicodélicas, muchos movimientos de cámara (y zooms) y tramas que intentaban evitar la caspa pero a riesgo de abusar de la gomina, las gafas de sol y los ciclomotores.

Auz vendía el Madrid semi-moderno de una manera útil para el franquismo militante: la política estaba descartada, pero al menos podíamos ser más guapos, un poquito rebeldes y hasta cantantes, fíjate. Massiel y los chicos se paseaban en moto o por el zoo, iban a esquiar o a fiestas muy diáfanas donde a veces, incluso, se enfadaban con otros nenes “ye yé” por cosas muy serias como “has mirado mal a mi chica” o “vaya tupé tan ganso”. En fin, decir que Codo con codo es un film banal e irrelevante es hacerle en favor. Pero tampoco hay por qué ser duros con aquellos que lo único que pretendían era huir de lo anticuado y lo solemne, meter pinceladas de Nouvelle Vague (las calles de Godard, la Karina de Godard; el trío de Truffaut:  en vez de Jules et Jim eran Micky y Bruno) y hacer un pasivo Easy Rider sin drogas ni sexo, claro está, que tampoco estaba el horno para aquellos bollos.

Pensemos, perdonando un tanto a Auz y al (ejem) equipo técnico y artístico del film, que por aquellos meses se andaban produciendo en el mundo películas como el cursi Viaje alucinante (Fleischer), el colorista y polaco Faraón (Kavalerowicz), la paródica El bueno, el feo y el malo (Leone), la británica y hortera Bedzzled (Donen), la ñoña Millie, una chica moderna (Roy Hill), la enloquecida Operación cabaretera (Ozores), la italiana y semi-hippy El profeta (Risi) o la remilgada Adivina quién viene esta noche (Kramer); en aquellos tiempos triunfó el Pop erótico de Con el corazón en la garganta (Brass), el “camp” de Barbarella (Vadim) o el humor demencial y (para mí) reaccionario de El guateque (Edwards). Incluso grandes como Carlos Saura (Peppermint Frappé) o Anthony Mann (Sentencia para un dandy) intentaron integrar, por aquella época, las formas del Pop en sus poéticas respectivas, con desigual suerte.

En un contexto semejante, que Micky, Massiel y el tal Bruno Lomas quisieran ser estupendos, modernos y “ye yé”, mientras los enmarcaban en una retórica de saltos de imagen, actuaciones musicales, fiestas, plásticos vídeo-clips y problemillas, no es sólo comprensible sino incluso perdonable y hasta, si nos ponemos generosos, conmovedor. ¿Estimulante y emocionante? No, hombre, tampoco eso.