WOOD Edward D. (1924-1978)

Bride of the Monster (La novia del monstruo) (1955: 3.0)

Como el último (o quizá ya sea el penúltimo) libro de Savater, los “trailers” de los filmes de Ed Wood prometen misterio, emoción y riesgo, aunque luego de tales elementos encontremos escasas gotas en Bride of the Monster.

El conmovedor Bela Lugosi se pone en la piel de… Bela Lugosi, de la misma manera que Antonio Resines hasta hace unos años siempre hizo el papel de Resines en sus dignas películas. Lugosi es un científico loco que experimenta con la energía nuclear (me acordé de 7 Days to Noon, de los británicos Boulting) y la idea del súper-hombre, terrores del siglo XX. Que no se diga que Wood no fue, por lo menos, un realizador comprometido.

Bride of the Monster, lo reconozco, es ínfima y ridícula: este cine es lo contrario de la exuberancia o la exquisitez. Wood no es Orson Welles ni Rossellini, qué le vamos a hacer. Tampoco el vasco Kepa Sojo es nadie y, sin embargo, es regado con subvenciones. Pero cuándo la vida ha sido justa, compadre Drácula.

La incapacidad de Wood para crear espacios fílmicos verosímiles a partir de la sucesión de planos es increíble y chillona y, ciertamente, irrebatible. Unos disparan, por ejemplo, hacia la derecha, pero el sujeto disparado se encuentra a la izquierda fuera de campo o, muchas veces, ni siquiera sabemos dónde se halla. No creo que lo sepa ni él… Pobrete.

Pero no nos pongamos tan puristas.

Acaso lo importante sea que Ed Wood se ilusionaba y que sus actores Tor Johnson y Lugosi se entregaban a la causa con entusiasmo. También los secundarios, más discretos.

Curiosamente, la acción de Bride of the Monster es bastante convencional y las conversaciones entre dos personajes en una habitación se suceden, sin que sepamos si va a pasar algo interesante o no. Y va a ser que no.

Hay un pulpo o calamar (el “monstruo”) que está en una vitrina o un lago, no se sabe bien, aunque parece sedado y, de hecho, son los infelices que caen entre sus tentáculos los que se suicidan a sí mismos, ya que el pobre bicho no mueve ni un músculo.

Los malos de las películas de Ed Wood tienden a darnos pena, a producirnos lástima y compasión.

Los policías son tontos y carecen de puntería; la chica guapa sufre un poquito y, en los últimos minutos, su enamorado se despoja de la camisa para que admiremos sus pectorales; ni que esto fuera Duelo al sol, Ed.

Bride of the Monster, en suma, contiene una catadura narrativa, una gracia y una complejidad similar a la de su contemporánea Mesa of Lost Women, peliculón (entre comillas) de Ormond y Tevos y que, como Bride of the Monster, también me recuerda a los dibujos animados de Scooby Doo, ese icono horterilla y graciosillo.