BAVA Mario (1914-1980)

La ragazza che sapeva troppo (La muchacha que sabía demasiado) (1962: 7.5)

Hace unas semanas, el cineasta Jesús Franco afirmó (lo leo en El País), durante la presentación de un ciclo que le iba a dedicar la Filmoteca de Cataluña, que no le gustaba ninguna de sus 206 películas. Y que prefería, puesto a elegir, las de John Ford, por ejemplo Las uvas de la ira.

Quizá Mario Bava, si hubiese sido cuestionado, habría suscrito algo semejante, pero acaso (es una suposición) sustituyendo a John Ford por Alfred Hitchcock. Palabras mayores, de nuevo: como si yo mantengo que a mí no me gusta nada de lo que escribo, pero que me entusiasman las críticas de los grandes Miguel Marías o Vicente Molina Foix. ¿Vale la comparación? ¡No!

No obstante, el de Bava y Franco (¡ya no digamos el mío!) son casos asimétricos. De las cinco películas que he visto de Jess Franco (Female Vampire, Las vampiras, Eugénie, Bram Stoker’s Count Dracula y ¡El ojete de Lulú!), ninguna se parece remotamente a Pasión de los fuertes o El hombre tranquilo, por nombrar dos de Ford. Por contra, La muchacha que sabía demasiado, además del título, posee varios elementos en común con películas de Hitchcock, incluso con las que éste andaba realizando en esos mismos años. De hecho, las dos con Tippi Hedren, Los pájaros y Marnie, aún estaban por hacerse (en 1963 y 1964). ¿Conocería Hitchcock la obra de Bava? ¡A ver si estábamos exagerando con el amigo Hitch!

La guapísima Leticia Román, con poco más de veinte años, fue la actriz hitchcockiana de Bava, la chica que sabía demasiado; acompañada en el reparto por el soso y contrahecho John Saxon. Otra flagrante asimetría.

Se nos vende, la película, como precursora del subgénero del terror italiano, que luego el propio Bava y Dario Argento explotarían con resultados variopintos. Pero yo he disfrutado viéndola por la “coolness” post-neorrealista que se advierte, ese renunciar a la realidad social y optar por divertirse con tramas de suspense, paranoia y asesinatos. Tampoco estaba en la línea de la comedia italiana de la picaresca, rosa o negra: no me reí con La muchacha que sabía demasiado; de hecho, se me parece más a El eclipse de Antonioni o a Carnival of Souls de H. Harvey, del mismo año 1962. Y menos a la tendencia abierta por la brillante, y sobrevalorada, La dolce vita.

Bava demuestra una manifiesta habilidad para exprimir los espacios exteriores. Cómo está fotografiada Roma, casi una ciudad fantasma. Y cómo aprovecha, el compadre Mario, las escalinatas. Con ellas dota de profundidad y matices al plano y añade misterio y deriva fantasmagórica a la historia. O será que veo más de lo que hay y estoy preso de una perversión cinéfila, como denomina J. M. de Prada (El Semanal, abril de 2007) a la “fascinación hipnótica, arrebatadora, entre onírica y lisérgica, que puede proporcionar una película cutre...”. Aunque conste en acta que Bava no se baba.