WOOD Edward D. (1924-1978)

Night of the Ghouls (Night of the Ghouls) (1958: 4.5)

Me siguen dando lástima los personajes malvados de las películas de Ed Wood. También los policías son risibles, ciertamente: pero están menos solos.

En realidad, todos necesitan nuestra comprensión, que el espectador vea que se trata de gente humilde, peculiar y sin demasiadas ambiciones.

Esos personajes, malos o buenos: nunca sabemos ni a dónde van ni hacia dónde miran. A no ser que coincidan dentro del mismo plano, se hace imposible seguir sus pasos y miradas. Es ésta en verdad una destartalada o vanguardista (a saber…) marca de fábrica de Ed Wood, junto con las “incoherencias”, algunas de las cuales cito aquí (escritas por una tal Zoé-Marie Mandarine: nombre estrafalario como este cine) y que tomo del folleto informativo incluido en el “pack” El extraño universo de Ed Wood (que incluye sus “5 obras maestras”):

 

…como por ejemplo el divertido agente de de policía Kelton que va a ayudar al teniente Bradford y se pasa la mitad de la película fuera de la casa disparando desde su coche a un fantasma. También es divertida la sesión de espiritismo con una trompeta movida por hilos que toca sola, un príncipe de las tinieblas con salacot diciendo “mongo, mongo” y un falso cadáver que ni su viuda se molesta en identificar. O qué decir de la escena en que el teniente descubre un fantasma en una sala y cree que es un maniquí, o cuando Kelton, a quien hemos visto aterrorizado a lo largo de la película, fuma tranquilamente después de haber sido atacado por Lobo.

 

La pla-ni-fi-ca-ción ed-woodiana es como el Guadiana.

Los diálogos juegan al despiste.

Sus marginales en la película se ganan la vida como pueden, engañando a ingenuos, vendiéndoles fantasmas y espiritismos. Claro que, si no fuésemos algo ingenuos, ¿cómo iba a engañarnos Ed Wood?

A mí, en todo caso, no me da gato por liebre: sus gatos son sólo gatos y no hay liebres en los alrededores.

Ni me engaña ni me provoca espantos: pero no sabría despreciar un cine tan puro.

Sus monstruos son lentos y dan pena.

Y las conversaciones son golosas. Cito un diálogo onírico de Plan 9 from Outer Space (del libro de J. Palacios Alégrame el día) y con esto me despido:

 

-MONA McKINNON: Ten cuidado. No te preocupes por mí.

-GREGORY WALCOTT: ¡Eh, tú eres la única cosa que me preocupa! Olvídate de los platillos volantes. ¡Ellos están ahí arriba! Pero hay algo en ese cementerio…, y está demasiado cerca para sentirse cómodo.

-MONA McKINNON: Los platillos están ahí arriba, y el cementerio está ahí fuera. Pero yo estaré encerrada aquí dentro. Ahora. Fuera, hacia tus salvajes lejanías azules.

 

Cine de Ed Wood: disparando fantasmas, trompetas movidas por hilos, falsos cadáveres, maniquíes, salvajes lejanías azules, ¡y a olvidarse de los platillos volantes!

Mongo, mongo.