APTED Michael (1941-_)

ROME (ROMA) (2005: 7.0)

El episodio primero de Roma se llama “El águila robada”, está dirigido por el competente veterano Michael Apted, realizador por ejemplo de Gorilas en las niebla, y producida por John Milius, al que siempre le han gustado las capas y las espadas.

La Romaantigua que imaginan Milius y Apted es lujosa, morbosa e intensa. Lo explícito de los motivos de los personajes nos dejan sin poder de sugerencia pero, a cambio, obtenemos toneladas de ambición y de lujuria. Nadie es inocente, ni siquiera los buenos. La identificación del espectador con algún personaje se hace con pinzas y a disgusto: relamiéndonos. Los desnudos (y el sexo) ayudan a que pensemos que esta Roma, por alguna razón, es más “realista” que las películas de los años cincuenta o sesenta. El “peplum” era tosco y bendito, mientras que la Roma de “The Stolen Eagle” es como un violento cruce entre Falcon Crest y Mulholland Drive, claro que con togas y demás parafernalia típicamente romana, y manteniendo lo sensual y sensacionalista.

Esto es televisión de calidad y quilates, pero carece de la sobriedad cinematográfica de un Julio César o un Espartaco o del aroma épico y evidente de un Ben Hur. Bien es cierto que, a la vez, que en Roma haya menos lírica redundará también en menores dosis de idealización histórica. No sé. Sí es obvio que Milius y Apted tienen ganas de epatar, acercando al espectador burgués del siglo XXI la Roma de medio siglo antes de Cristo (Julio César, Pompeyo, etc.).

El eslogan que un profesor de historia, frente a sus alumnos de la universidad, podría utilizar sería el siguiente: lo antiguo también puede molar, muchachotes. Los humanos no hemos cambiado tanto, pese al teléfono móvil y las aspirinas. Etcétera.

Eso sí: no advierto verdadera paciencia con el fin de profundizar en los hechos y sus causas, aunque sí se emplea tiempo de sobra para las intrigas, las peleas, la rumorología y los cotilleos políticos y amorosos. Aquella Roma tan distante se nos hace, de esta manera, más atractiva y cercana: como si nuestra rutinaria vecina del tercero hiciera, de repente, acto de presencia pero sin bata y con tanga, relinchando y con espada al cinto. Así no se cambia de canal ni a ostias.