PREMINGER Otto (1906-1986)

Whirlpool (Vorágine) (1949: 8.5)

1) Whirlpool: torbellino, vorágine. ¿Cómo disponerlos en imágenes? ¿Con un torbellino de imágenes? ¿Una vorágine de cine? ¡No, no!

2) La Fox le dio a Preminger los medios adecuados para que el director alemán rodara a su manera. La posibilidad de realizar un melodrama con gotas de thriller y psicología no significa necesariamente un cheque en blanco. Preminger sí da en el blanco y rechaza el torbellino, la vorágine.

3) Whirlpool es una película de interiores. Blanco y negro, los actores visten traje y sombrero. Las mujeres visten ropajes burgueses. Eran gentes que se permitían excentricidades: psicoanálisis, cleptomanía, tedio.

4) La serenidad objetiva del director catapulta el guión de Ben Hecht a las alturas del cine frío, premeditado, sin las manipulaciones talentosas de Hitchcock, sin sus profundidades atroces. Whirlpool revela su historia con medida. En la medida hay una distinción, un sello. Un equilibrio impecable al rodar, cortar y pegar trozos de celuloide.

5) Oscuridades: desconfianza en la pareja; nos conocemos poco; qué es la intimidad; nos necesitamos siempre; nuestros vínculos son tan frágiles. Limpieza, precisión y optimismo final. Pero el daño está hecho: somos ídolos de barro. El amor conlleva épicas renuncias, o es que no existe.