BERGMAN Ingmar (1918-2007)

Sommaren med Monika (Un verano con Mónica) (1953: 9.5)

Y quién no ha soñado con una Mónica como Harriet Andersson, y quién no fantaseó alguna vez con un verano en su suave y salvaje compañía.

Un Bergman esencial y paradigmático. Un verano con Mónica, una de las joyas de su magnífica corona. Pocos hay como Bergman en la historia del cine. Pocos o ninguno.

Un verano con Mónica, en su primera parte, se integra en los moldes del neorrealismo italiano y en su segunda mitad rescribe deliciosamente L’Atalante de Jean Vigo. Es precursora de la Nouvelle Vagueen su ansia de libertad, ligereza narrativa, personajes jóvenes y rebeldes. Descaro, pasión y sensibilidad intelectual. Ofrece gotas de una Nicholas Ray: Harry y Mónica son rebeldes sin causa: su rebeldía, dirían entonces sus mayores, era un capricho, un no querer trabajar, un olvidarse de las obligaciones y optar por un modesto hedonismo. Los rayos de sol (en blanco y negro) de Un verano con Mónica alcanzan, por lo menos, hasta Leos Carax en su portentosa Los amantes del Pont-Neuf. El amor loco, el posible final trágico, el engaño, la reconciliación o una felicidad que, a la larga, es imposible. A la larga: ¿pero y quién les quita lo bailado, como suele decirse, a Mónica y Harry, a Harriet Andersson y Lars Ekborg? ¿A este espectador?

Cine superior de un artista superior. Lúdico, poético, nostálgico: todos sabemos de qué nos habla Bergman cuando paladeamos su cine. Etiquetar a Bergman como elitista o difícil, ¿quién lo hace? Será quien no haya visto (ni se haya visto reflejado en) la luminosidad romántica, sencilla y veraz de Sommaren med Monika.

Y el verano con Mónica se nos escapa de entre las manos. Las nubes, las olas, las praderas, los riscos, la vegetación, todo está vivo y es dinámico; la naturaleza viva, vive la naturaleza, no perdamos el tiempo, que el tiempo nos perderá a nosotros. Siempre, en Bergman, el “carpe diem”. La juventud no es eterna, pero Bergman sí.

La felicidad era el verano, nostalgia perpetua. La piel, los besos, las caricias, el desnudo, la libertad del viaje a ninguna parte. Y la felicidad es, antes y ahora y dentro de cincuenta años, este cine.