VARDA Agnès (1928-_)

Les glaneurs et la glaneuse (Los espigadores y la espigadora) (2000: 10.0)

arte 1) espigar, limpiar, organizar, recoger objetos, personas perdidas del mundo visible, traerlos a primer plano, 2) hacerlos existir en pantalla, algo tan anti-warhol, no repetir hasta la náusea el famoseo; duplicar en el cine la realidad que está oculta, 3) hacerla así doblemente aprehendida por el resto, el público. Ésta es la labor de

Agnès Varda: ir por ciudades, campos y pueblos, 4) trasteros, basuras, campos, museos en busca de elocuencia y belleza: para hacer justicia. Mientras los postmodernos o ultra-modernos rechazaron 5) la naturaleza por parecerles obvia, francotiradores como Varda reniegan de la cultura y la penetran con su foco, su pluma, su

cámara para llegar a la naturalaza de paisajes, objetos, individuos, sociedades. 6) La hermosura necesaria: aun la fragilidad y el ritmo compositivo de la Nueva Ola. Aquellas tramas seudo-americanas o semi-documentales de sociología y ficción mezcladas no son ya útiles, y sí el documental exterior que pasea e investiga por Francia y

7) nuestro mundo, el documental interior que pasea e investiga por el ser, el autor, la persona-en-el-mundo y el mundo de personas que nos rodea, que somos. Volver a la 8) naturaleza

no es sólo una obligación ética, implica volver a lo básico del cine, tan alejado ahora de su pasión por la realidad o el realismo: dramatizado, espontáneo. La pasión por el juego, tan cercano al arte, oímos. Varda se divierte paseando la cámara, capturando desechos de realidad, juntando trozos para componer collages que son una llamada de atención, una prueba de talento indómito, irreverente con los poderes, profundamente respetuoso con el ser humano, trozos de séptimo arte que han de difundirse, que tienen más que ver con nosotros, como objetos y sujetos, soñadores, vividores y creadores, que casi cualquier otra pieza de cine. Les glaneurs y la glaneuse es alucinante. Trae a la luz, y desmonta, una idea viciosa, el de la injusticia “natural” instaurada en la sociedad: gentes a ras de suelo con méritos “naturales” para vivir como Dios manda. Pero Dios no existe. Varda sí, pero no es omnipotente. Podemos ayudarla y ayudarnos. Para divertirnos más.