GODARD Jean-Luc (1930-_)

Deux ou trois choses que je sais d'elle (Dos o tres cosas que sé de ella) (1966: 8.5)

Deux) ou Trois) choses que je sais d’elle, ficción, documento. Actrices, actores que siguen un vago guión de Godard, directrices más bien, líneas que casi nunca forman una frase completa: no introducción más nudo más desenlace. Descripción de un París de coches, grúas y prostitución en 1966. Diversión en la propia descripción, ausencia de rigor académico: no hay introducción más objetivos más conclusiones. Parece detectarse que algo se rompe en el mundo, en Godard. Se resquebraja, ¡más!, la narración y la trama, resulta un ensayo: que permite libertades, opiniones, argumentos, agresiones, eso hace Godard. Cine sin ornamento: captura a personas en su hábitat poco natural, la ciudad se convierte en infierno de automóviles, obras, ruidos, fragmentaciones; este cine de collage también, cine sociológico e idealista que pone en duda Todo, incluidos el Cine y Este cine. Es sociológico porque muestra relaciones y dependencias entre personas. El desinterés no existe, el supuesto avance de la civilización, las ciudades (diseñadas para racionalizar y facilitar la convivencia), convertidas en paraísos de empresas, corporaciones y ayuntamientos, que tienen asumido que para seguir siendo empresas, corporaciones y ayuntamientos han de seguir produciendo obras, automóviles, grúas y prostituciones. Es idealista porque maneja ideas-guiños para el imposible entendimiento, el ruinoso diálogo y el esquilmado debate; porque asume que todo es política. Los que niegan la política (o dicen apartarse) hacen su propia política de perpetuarse a sí mismos, acaso a los suyos. Adiós a los escrúpulos; el interés (en la ciudad) por lo humano es primeramente la explotación de lo humano. Si uno no gana más no puede comprar más, y si uno no compra más se queda atrás (y se prostituirá o renegará de cualquier escrúpulo aún conservado). La ciudad ha de ir hacia adelante. Idealista fue porque ahora las cosas no están mejor, ni la justicia ni el cine se han universalizado. Sí las multinacionales y sus productos, que crean sus propias regulaciones: si alguien atenta contra ellas pagará por ello con dinero o símbolos. Hoy las explotaciones están de moda: no llamadas explotaciones sino relaciones laborales. Godard, en 1966, alcanzó una Forma de expresión (forma de descripción y juicio). Mezcló todos los demonios modernos juntos: la desilusión de ver a los EEUU enfangados en sus guerras legales y económicas, la desilusión del consumismo como ideología, la desilusión del lenguaje; y la desilusión (con nuestra perspectiva) de un cine que ahora casi nadie ve porque está censurado, por supuesto no oficialmente censurado, ya que a la gente “no le interesan tales pedanterías”.