BERLANGA Luis García (1922-2010)

Plácido (Plácido) (1961: 9.0)

Berlanga se mofa de nuestros sueños. Aún caritativamente. Toma un euro, cállate la boca y a pedir a otro lado, majete. Algo así podría murmurarnos el subconsciente de sus películas. Berlanga no cree que otro mundo sea posible. Bastante tengo con pagar la última letra del moto-carro, habría mascullado el pobre Plácido (el magnífico Cassen).

Los humanos, sobre todos los españoles, somos así, señora, de armar jaleo como si nos sacaran en perpetuo desfile de disfraces cutres, arrastrando las zapatillas de andar por casa y tropezando unos con otros, mientras se nos juntan el hambre con las ganas de comer y de cagar, pues, coño, llamemos a las cosas por su nombre.

Plácido es negra, negrísima, mucho más negra que otras películas negras que exponen la negritud como adornos de Navidad, para que sobresalgan y suenen sus campanillas y las oigamos. Pobres, los pobres; no sólo lo son (pobres), sino que encima para ganarse una ruin calderilla han de hacer el ridículo durante toda la Nochebuena, acompañando a un séquito españolísimo de artistas de Madrid de segunda fila, representantes atolondrados, grises notarios y hembras pesadas como plomos, dando la vara hasta que las callan.

Hasta Berlanga se permite desperdiciar la dignidad del momento dramático, cuando se muere uno de los mendigos, ante la presencia de su querida mendiga, y los quieren casar en el último suspiro ya que “viven en pecado”. Pues bien, el mendigo dice que no con la cabeza: que él no quiere a la Engracia o a la Azucena como legítima esposa. Que os den por el culo, debía estar pensando el hombre. Y se muere allí mismo: ahí os quedáis.

En Berlanga se masca la insatisfacción, el individualismo de aquel al que le pica el pie y no puede rascarse, porque ni le dejan ni sabe bien dónde le pica. Nadie está contento, todos se quejan de que las cosas podrían ser otras, a todos les gustaría que les dejasen en paz, tanto a los pobres como a los ricos. Todos son iguales en el reino bufonesco de Berlanga.

El pobre Plácido, el don nadie del moto-carro que va a ver a su familia a unos baños públicos y que intenta desesperadamente pagar otra letra de su patético automóvil, es el “leiv-motiv” sobre el que descansan las refriegas verbales, los atisbos humanitarios, las ensaimadas de glotonería y los cortes de manga apolíticos, ¡pero anarquistas!, que salpican la película. Plácido es el “mcguffin” de Plácido, pero a Plácido el “mcguffin” le importa un huevo.

Persigo a este Berlanga en la cruda actualidad de 2007, por ejemplo en una exposición de dibujos de El Roto (¡Ambientazo!). En uno de ellos un currante cejijunto masculla:

 

¡Estamos dispuestos a prescindir de lo esencial, pero lo superfluo... ¡Que no nos lo toque nadie!

 

En otro vemos a una pareja distante, él y ella sentados y separados en sillones del salón. Ella o él habla y él o ella responde:

 

-El mundo está fatal.

-Es verdad, echa las cortinas.

 

Sentencias de cualquier personaje de Berlanga. Estos con más sorna costumbrista, con más sutileza en el ademán y la compostura sarcástica, con más, también, ingenuidad compasiva. Sí, pero no te muevas, bobalicón, que nos jodes la foto.

Pues es que el mundo anda loco e ingobernable, y quiénes somos nosotros para pretender esto o lo otro. Adivinamos más o menos dónde están las injusticias y el inodoro, a quién ataca la miseria, quién hace ostentación de barbarie o echa en falta más libertad. Sí, es cierto, pero quién soy yo para merecer esto. Y, además, cómo distinguir la miseria de la pose mísera, la barbarie del bárbaro entusiasmo y la falta de libertad del faltón libertinaje. Casi mejor echar las cortinas y ver una película porno. Por si acaso: qué te importa a ti, Raimunda, lo que haga el vecino cachondo.

Y el mundo anda sobrado de charanga, de besugos y de tres en un burro. Y, así, cómo vamos a tomárnoslo en serio.

Me entretuve en enero de 2007 anotando algunas frases de periódicos y revistas (El País, Tiempo).

-El presidente del partido serbio más votado escribe libros titulados La UE es una criatura satánica o Kostunica es la puta de... no sé quién.

-En Gran Bretaña, en el programa Big Brother, varios concursantes se refieren así a otra concursante india: “Vuelve a las chabolas y jódete con los tuyos”, o “Quiere ser blanca, como si fuera un perro”. Todo muy berlanguiano. Los productores de este espacio cultural consideran que tales comentarios no reflejan más que “diferencias culturales y sociales”: “no ha habido insultos con intenciones racistas directas”.

-La revista Tiempo trata en portada el importante tema de “el proceso de paz en el País Vasco” y regala la película En el punto de mira.

-Conversación grabada en torno al caso de corrupción en Andratx: “¡Será hijo de puta! ¡Lo que tiene montado!”

-Celebración de “San Canuto”. Cientos de jóvenes de la madrileña Universidad Autónoma se emporran, en un macro-botellón cuya premisa o eslogan es, según un portavoz estudiantil, “en favor del cachondeo”.

-Entrevista con el dramaturgo Alfonso Sastre (80 años). Le preguntan: “¿Qué revindica para el hombre y la mujer de hoy?”. El idealista Sastre responde: “Lo mismo de siempre, un proyecto socialista con una intención a largo plazo de una sociedad comunista, la utopía es posible...”.

-Anuncio (entre cientos) en la legal sección “Relax”, tan rentable: “Jovencitas guapas y viciosas, te hacemos delirar de placer con griego, francés natural, beso negro, lluvia y lo que me pidas. Vamos a jugar con tu leche y seguro que no lo olvidarás. Metro Diego de León. 30 euros, media hora. 60 euros, 1h, repitiendo o griego.”

La España eterna. O el eterno mundo. Todo ello tan de Berlanga, tan de Azcona, tan del caos vociferante y astrohúngaro que enseña pero esconde múltiples voces disonantes, vulgares, cobardes, ignorantes, tímidas y turbias. Tanta gente que va a lo suyo, al pan, pan, y al vino, agua. Tanta devoción por la autoridad y los autoritarios mientras nos cagamos en las leyes, pues donde esté un buen cacique, ¡que nos quiten lo bailao!

Se comprenderá que los plácidos y menos plácidos entre nosotros tengamos bastante con ocuparnos de bajar la basura, de la Play Station, el cole de los niños, la borrachera del fin de semana, el enchufe en el curro, las sesiones de “spa” y el alquiler del piso franco. Somos poca cosa.

(Y para griego, el Zorba, como diría cualquier personaje de Camera Café, serie neo-berlanguiana en Tele 5)

Porque el sueño de la razón produce... sueño. Buenas noches.