MANN Anthony (1906-1967)

Devil's Doorway (La puerta del diablo) (1950: 8.0)

1) Devil’s Doorway es en blanco y negro: interiores oscuros, agresividad mal reprimida. Qué primeros planos, qué puñetazos entre Robert Taylor y el tipo blanco en la taberna, qué pelea. ¿Y las leyes nuevas?

2) Se oponen a los derechos tradicionales: la tierra como Madre, en palabras del creíble indio Robert Taylor. ¿Y los nativos americanos?

3) Fueron barridos del mapa, Devil’s Doorway lo deja claro en 1950. El orgullo indio queda malherido: desposeídos de tierra y costumbres, ocupados, colonizados por los blancos. Ese orgullo no permite una salida fácil, una rendición o, como se dice en la obra, hacer concesiones.

4) La abogada Paula Raymond, emocionalmente implicada, trata de negociar con el fin de detener la guerra entre los blancos (que reclaman los derechos legales sobre sus tierras) y el indio Taylor, quien con la ayuda de los indios de la Reserva desea luchar hasta el final: es el viejo pero cuestionable dicho de “es preferible morir de pie a vivir de rodillas”. ¿Y?

5) Pues Taylor decidirá rendirse para evitar la masacre de los pocos indios que aún quedan con vida. Es un gesto solidario y doloroso. ¿E interesado?

6) Porque Paula Raymond consigue parar el combate, con la Caballería ya presta a intervenir, y así salvar la vida de su amado indio Robert Taylor.

7) Es asombrosa la habilidad de Mann al rodar esta historia sobre legalidad, prejuicios, sentimientos y civilización, conceptos puestos en la picota.

8) El talante más dialogante y flexible de una mujer es capaz de deshacer un entuerto o al menos es útil para evitar la pérdida de vidas. A veces hay que apartar los derechos de raza o individuales, pensar con sentido común y  salvar el pellejo. Triste lección de Devil’s Doorway.