LAZAGA Pedro (1918-1979)

Los tramposos (Los tramposos) (1959: 6.5)

1) Hace siglos el padre del Buscón Don Pablos le decía a su hijo: “Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica sino liberal”. Y luego: “Quien no hurta en el mundo, no vive”. Es la tradición picaresca española.

2) Qué cinismo: como mienten Tony Leblanc y Antonio Ozores, expertos en el arte del timo, el robo a pequeña escala, la pillería total.

3) Y qué hambre pasan: cómo comen estos pícaros, cómo disfrutan en el restaurante y les vemos chuparse los dedos con delectación.

4) Qué crueldad: Leblanc como deficiente mental, en escena impensable ahora, hay que pensar en los Farrelly para imaginar burla semejante, una ausencia de modales y de corrección política que a tantos hoy disgusta, sin mirar mucho más: qué hay detrás de tanto engaño.

5) Un alivio no escuchar palabras soeces, que parecen obligatorias (en la actualidad) en el cine, más aún que en la vida; en esto hemos ido a peor.

6) Ningún hombre era honrado en Los tramposos. Sí eran decentes, guapas y simpáticas las mujeres, Laura Valenzuela y Conchita Velasco.

7) Ozores admite: “Desde que somos decentes… la miseria”. Como ahora. Si uno no es un “pelota” o un “trepa”, se baja los pantalones o se deja enchufar por el amigo, uno estará en esa miseria económica… o moral: nadie se siente aludido. En Los tramposos el cinismo era ingenuo y justificado. Hoy tanta jerga oficial sirve para difuminar las fronteras del colosal morro que muchos le echan a la vida: les va bien. La trampa está asimilada como sistema.

8) Cine cómico español casi de los 60, simple o más bien simplón pero dinámico y significativo, destinado a entretener a aquel público con gracias muy españolas: hay que ser listo, las chicas son decentes, etc.

9) Final feliz: Leblanc y Ozores son contratados por una gran empresa y sus nenas están contentas. Han triunfado, nadie les preguntará cómo lo han conseguido. Tramposos legales.