BRESSON Robert (1901-1999)

Mouchette (Mouchette) (1967: 8.0)

Mouchette es Nadine Nortier. Actriz de una sola película.

Insigne es la pureza, la austeridad, la negación del énfasis, el desprecio a la clásica narratividad de introducción-nudo-desenlace.

Alta y escarpada es la montaña desnuda en la que habita y desde donde otea el horizonte el cine bressoniano.

Es limpia y flagrante la falta de subrayados en los posibles matices espirituales o religiosos. Por eso es flagrante, visto hoy este cine: porque se echan en falta maquillajes, persecuciones, autopsias.

Una patente ausencia de ambiciones melodramáticas, sociales y psicólogicas... ¿Es así raro que Bresson cuente con pocos aficionados y defensores? ¿No es, justamente, lo razonable, con lo que nos rodea?

Los hermanos Dardenne, hasta cierto punto, navegan hoy por tal río de agua mansa y profunda (me repito: “el agua mansa es muy profunda”, escribió E. Canetti).

Y aunque podría uno acordarse, por ejemplo, de El manantial de la doncella o de momentos del neorrealismo italiano, lo cierto es que Mouchette no contiene la fuerza ni la hipérbole ni el ritmo de un Bergman ni se asoma con tanta gracia, imperfección y naturalidad a los anónimos desfavorecidos a lo De Sica. Mouchette y Bresson son otra cosa.

(Acaso el italiano, y yo creo que santo, E. Olmi, desde la Italia que aún no ha muerto al cinematógrafo, haya realizado y aún realice lo más comparable a Bresson: un cine alejado del espectáculo, la autocomplacencia, la complicidad con el público, los trucos y los timos. ¿Conectar con la audiencia? ¿No se dice así? ¿Y por dónde le metemos los cables al espectador? ¿Tiene enchufe? Pensemos en agujeros, no hay más opciones...)

El cine de Bresson es el arte más radicalmente opuesto a la farándula, el rompecabezas, la máquina tragaperras, las ruedas de prensa, el circo, la tertulia vociferante y el arte pop que tanto influyó en el cine desde 1960.

En este sentido, y yéndonos a la pintura, estaría más cerca, en su quietud, detalle y bondad, de pintores de siglos atrás como, es un decir, Giotto o F. Angelico, que de contemporáneos de Bresson más o menos vanguardistas, desde Warhol a Joseph Beauys, pasando por Dalí o Lichtenstein (¡qué pesados e indigestos ya se han puesto casi todos con las reivindicaciones innecesarias del cómic como gran arte!).

1967 es el año de Mouchette y, siguiendo con pintores, fue también el año en que murió uno realmente grande, sencillo y así complejo: Magritte.

Ceci n’est pas une critique.