ANTONIONI Michelangelo (1912-2007)

L’eclisse (El eclipse) (1962: 8.0)

1) Un científico norteamericano comentaba hace poco en el programa televisivo Redes que, tras años de estudio, ha llegado a la conclusión de que ni la salud ni el dinero traen la felicidad. Tampoco es el amor, exactamente, el garante del estado “feliz”, sino el compromiso (“commitment” en inglés): compromiso con otra persona, con el trabajo, con los demás, con la sociedad, o con uno mismo.

2) Luego he visto El eclipse, película de 1962 de Antonioni, donde términos como vacío, incomunicación, alienación o tedio son fácilmente aplicables.

3) Por un lado está el despiadado mundo de la Bolsa, un caos vociferante de individuos en traje y corbata, y por otro lado está el paisaje urbano, desnudo de humanidad y de certezas. No hay punto medio. La falta de definición o el desconcierto del personaje de Monica Vitti podría interpretarse como ausencia de compromiso. De ahí surge la infelicidad, la inestabilidad, etc.

4) Antonioni hace un tratado de composición espacial que debió de gustar a Wenders y ahora a Kar-Wai, calculo. Por lo que tiene de retrato estético del vacío, el existencialismo o la insignificancia. Antonioni empeñaba su talento en dibujar un croquis de desolación contenida, desencanto, decadencia.

5) Cómparase el inicio de El eclipse con el de El desprecio de Godard:

6) Y en la música pop: el pesimismo de The Smiths en los 80, ligero, sarcástico, de desesperación real pero sublimada, se tornó en los 90 con Radiohead en canto al fracaso y tributo retórico a la depresión sin salida.

7) Morrissey y Godard: criaturas geniales en su ambigüedad, capricho y capas múltiples. Radiohead y Antonioni: artistas de calidad y profundidad, pero más insistentes y más obvios, menos felices, más aburridos, o menos comprometidos con su oficio y su mundo dinámico que gira, y giramos.