ABRAHAMSON Leonard (1966-_)

Garage (Garage) (2007: 8.5)

Vladimir encuentra finalmente a su Estragón y éste termina denunciándolo por pervertido. Y Godot, como siempre, “missing”. Más triste imposible: uno es multitud.

Escribe Xavier Rubert de Ventós, en la entrada “Encontrar”, en Manías, amores y otros oficios:

 

Encontrarse en la vida como aquel que levanta la mano para hablar en una reunión o conferencia, y, al no hacérsele caso, se siente con la mano suspendida en el aire, y se rasca el cogote para disimular.

 

Ese es nuestro protagonista, Josie, encarnado con inmensidad, sutileza y patetismo por el humorista irlandés Pat Shortt, por vez primera en un papel principal.

Garage va a más. Nos consigue ganar para la causa, al final nos vence gracias a su carga de sensibilidad sin subrayar y por su ligera solidez. Se asienta como relato, tras unos veinte minutos en los que no sabemos si es carne o pescado, y va prendiendo en el corazón. Termino pensando que se trata de la mejor película de nacionalidad irlandesa que he visto: un deslumbramiento sin ruido ni furia.

Minimalismo rural, inhóspito y escasamente “friendly”. Apatía, marginalidad. Recuerdo películas parecidas en su propósito de brevedad y “think small”. Filmes recientes como Historias mínimas (Sorín), Whisky (Rebella & Stoll) o Vodka Lemon (Saleem). En un marco más general, me refiero aquí a un cine por lo general sencillo pero variado y complejo, surgido en los últimos años y con tintes tendentes a la anti-globalización. En todos estos títulos identificamos a seres torpes, inadaptados, alienados, más hombres que mujeres. Por ejemplo: Temporada de patos (Eimbcke), Contra la pared (Akin), Antikörper (Alvart), Paradise Now (Abu-Assad), Arcadia (Gavras), Algo parecido a la felicidad (Slama), Last Days (Van Sant), Bubble (Soderbergh), Little Children (Field), Juventud en marcha (Costa), Las partículas elementales (Roehler), Al otro lado (Akin), La soledad (Rosales), La cuestión humana (Klotz), Yo (Cortés), Paranoid Park (Van Sant), Tres monos (Ceylan), Nowhere Man (Toye), Morscholz (Müller), incluso Gran Torino (Eastwood), que derrota esa alienación mediante un violento sacrificio. Una indudable tendencia en el cine contemporáneo, que pone límites y horizontes oscuros al rutilante Facebook o al hilarante YouTube. Muchos mundos en nuestro mundo.

En Garage, un hombre solo, que pilota una gasolinera en los confines de Irlanda, nos va a romper el corazón. Él pierde. Y es que la belleza es un “must”: la perpetua, la exterior. Y la agresividad social y la salvaje simpatía y el curtido carisma y el dinero. Elementos que catapultan al triunfo. Este hombre carece de todo eso.

Poética sin insistir en su poesía, monosilábica por momentos, cruel pero dulce, Garage me emociona en sus minutos finales. El hombre solo y frágil, el que no rompe nunca ningún plato, es tratado como un criminal en una pequeña comunidad rural del oeste de Irlanda, en la Unión Europea. Sin haber hecho nada realmente punible, unas cervezas y un vídeo porno, vehiculados hacia su amigo adolescente a través de su ingenua alegría. Eso es todo, casi nada, pero lo poco que había de sentido en su vida se va al garete.

Dejadez, miseria, ausencia de rebeldía hacia el entorno, falta de cariño y de sexo, rendición en el lago. Casi la Irlanda de The Great Hunger, el terrible poema de P. Kavanagh.

El caballo, su único amigo. Poderoso, en libertad, ajeno a prejuicios y derrotas. Bellísimo último plano del film. Y hay otros planos para el recuerdo: las manos de Shortt, por ejemplo, las manos de este tipo sin maldad ni ambiciones, con escasas opciones para la amistad, el amor, la estabilidad feliz o la aventura. La Irlanda rural y, seguramente, puritana. Ese odioso paternalismo del policía: “Keep your head down”, le sugiere a Josie. Mantén la cabeza baja, no mires de frente. Humillación y vergüenza por una cosa mínima. Una historia mínima sobre un ser puro. Como para reflexionar.

Un cine más cercano a las españolas, ya clásicas, Furtivos y Tasio que a su contemporáneo éxito irlandés, la quejumbrosa, urbana e irritante Once. Abrahamson, director de Garage, y su guionista O’Halloran atesoran estilo, enigma, pausa y distinción, algo de lo que no todos pueden presumir, menos aún Carney y su repetitivo “mumblecore”, qué tedio autocomplaciente. 

Como riguroso epitafio para Garage y para el personaje de Josie, me gustaría apuntar lo que decía un personaje en una brutal y reciente viñeta de Máximo (ABC, agosto de 2009):

 

 

 

AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS, SI TENÉIS HUEVOS.