RESNAIS Alain (1922-2014)

Hiroshima, mon amour (Hiroshima, mon amour) (1959: 7.5)

1) Mi compañera de piso se tira en el sofá y contempla conmigo los últimos veinte minutos de Hiroshima, mon amour. Cuando termina la película se levanta de un salto, extrañada se ríe, con un deje de sorpresa por mis gustos. “¿¡Pero qué cosas ves tú!?”, me espeta. No le falta razón: es realista.

2) Han pasado 46 años desde que Resnais (ay, aquella Nouvelle Vague) rodara esta poesía fílmica, este ensayo sin introducción ni desarrollo ni conclusiones. Un ensayo poético. Una narración sólo en tanto en cuanto toda sucesión de imágenes lo es. A mi compañera de piso le chocan los diálogos humeantes de literatura y prosodia, irreales, fantasmagóricos, no relativos a situaciones del día a día. Mi compañera de piso tiene razón: pies en el suelo.

3) Pero es que, amiga, Hiroshima, mon amour es arte. Requiere atención.

4) Gustará más o menos, como en los últimos tiempos las de W. Kar-Wai:

5) Con quien Resnais comparte vínculos estéticos: el melodrama enmarcado en una Historia o Excusa. La Hiroshima de la bomba atómica es un “marco” para una historia. Pero no porque a Resnais le fascine su historia (ni el marco), sino porque le permite una “inspiración” y una “creación” en base a asociaciones de imágenes, instintivas y lógicas, una belleza de la Imagen, un ritmo embriagador... Que me embriaga a mí, no a mi compañera de piso.

6) Ando ahora leyendo El mal de Montano, una novela de E. Vila-Matas.

7) Hay relación entre ambos acercamientos a la literatura y al cine.

8) En especial en la renuncia al gesto fácil de “aplastar la araña”, como se dice en este libro: “quiero decir de crear obras de arte que sólo se dedican a repetir fórmulas ya archisabidas”. El riesgo, la frialdad, la aspiración y el orgullo intelectual por aportar “algo nuevo”. Que tiende a conllevar, en Hiroshima y Montano, una textura y una perspectiva menos impulsivas, más alejadas de la vida y más cercana al “texto”: el meta-Arte.

9) Por eso entiendo que a tantas personas, como a mi compañera de piso (que no tiene un pelo de tonta), les resulten raras, gélidas, hasta molestas e incomprensibles piezas como Montano e Hiroshima, que ni emocionan ni atentan contra el equilibrio ético, pero que desde luego evitan el deporte de aplastar arañas...  Así evitan también la suciedad, el asco, el sudor frío: miedos.