BROOKS Mel (1926-_)

Young Frankenstein (El jovencito Frankenstein) (1974: 6.5)

1) En 1974 el artista alemán W. Vostell, padre y fundador de los movimientos vanguardistas Happening y Fluxux, llegó a la comarca cacereña de Los Barruecos y, admirado ante el hermoso paisaje que se le ofrecía desde el embarcadero de la charca del Barrueco de Abajo, lo declaró “obra de arte de la naturaleza”. Su principio (est)ético era: Arte es Vida=Vida es Arte. Su intención fue bonita: establecer un diálogo entre el campesino y el artista (según apunta la hoja informativa del Museo Vostell Malpartida, que firman con entusiasmo J. A. Agúndez García y A. Gómez González).

2) En ese mismo año el director norteamericano Mel Brooks presentaba al público El jovencito Frankenstein, parodia del cine de terror y de monstruos y, en especial, de Frankenstein y La novia de Frankenstein de J. Whale.

3) En enero de ese año el famoso crítico norteamericano R. Ebert escribía, en su crítica sobre Young Frankenstein, que las comedias de M. Brooks eran no sólo divertidas sino también “agresivas” y “subversivas”: tenían “estilo”.

4) Tengo un amigo que se sabe los diálogos del film de memoria. El jovencito Frankenstein, por lo que he mirado, sigue conservando una excelente reputación, en general considerándose una sátira divertidísima. Para mí, no tanto.

5) Como cualquier otro, 1974 fue un año enredado en el que podían convivir sin vacilaciones, en el panorama mundial de la cultura y el entretenimiento, fenómenos en apariencia divergentes como el Fluxux y las desmitificaciones cinematográficas de moda en los EEUU (de Brooks y de otros).

6) De movimientos artísticos como Fluxux (fundado en 1962 por un G. Maciunas) es seguro que un bufón descreído como Brooks se habría o habrá reído a carcajadas, se habrá mofado de su pretensión de “más allá”, de pureza, de pretenciosidad en tanto “estado del espíritu”, etc.

7) Ahora bien, un rasgo de Fluxux es que “todo vale, sin embargo nada es imprescindible”. Y esto es aplicable a Young Frankenstein: parodia original y curiosa, con cierto aire verosímil que la dignifica, en la que Brooks se burla de casi todo utilizando estrategias burdas. Todo le vale, pero en El jovencito Frankenstein nada es imprescindible. Por eso es una obra pasable, tan sólo.

8) Brooks y Vostell se antojan hoy interesantes pero bastante prescindibles.