VIGO Jean (1905-1934)

L'Atalante (L'Atalante) (1934: 10.0)

1) L’Atalante, restaurada en 1990. Entre 1934 y 1990 fue otra película.

2) Un paradigma. Sunrise. Un partie de campagne. El amor, cima de la vida. El amor, sus peligros: tentaciones de los alrededores del amor. Salirse de su casilla. La ecuación Amor=Pareja: o conocer otros estadios del deleite y del lujo, las maravillas de París en L’Atalante, las maravillas que compra el dinero o las maravillas del que mira, atónito y boquiabierto, el París soñado que no se encuentra. Más dura es la caída: salirse de la casilla para ver y comprender que el sueño, apoyado en la tierra, es menos sensual, es más sucio y peligroso, y más amenazante siempre. Comprender que la vuelta a la casilla, aun vista como un retroceso (un fracaso), es sólo un retroceso, un fracaso relativo. Es volver al amor tranquilo, quizás el verdadero (pero de esto nada sé), a cierta estabilidad. La estabilidad del barco en el mar: en movimiento siempre. Hay otras metáforas similares (Sunrise, Man’s Favourite Sport: grandes directores; jamás es casual, es más bien causal).

3) Vigo: contra las dificultades del rodaje, contra su delicada salud, contra viento, marea y censuras: la sempiterna bruticie de los productores depredadores, el famoso Mercado indefinible que sirve como coartada para destrozar obras maestras. Por suerte recuperada, ésta, en 1990.

4) Un estilo inexcusable: el que surge despiadado, impulsivo y romántico al rodar. Una fusión, como pocas, entre emoción y pensamiento (por ejemplo: El muelle de las brumas, estimable creación de Carné, buscaba la complacencia del público y se esmeraba en el espléndido maquillaje de los diálogos y las imágenes para el recuerdo: aroma de derrota a toda costa).

5) L’Atalante es superior. Cine primitivo y combativo, una cumbre entre las cumbres. Del que rueda, más allá de constricciones, a partir de la libertad de su espíritu, conjugando miseria, talento, preparación, trabajo y genio (esto último, destinado a unos pocos). Imágenes necesarias, sin escuela cinematográfica definida: la etiqueta le hace daño a L’Atalante (es un agravio), obra hija de sí misma, paradigma de emoción y pensamiento.

6) Una película que no reniega del realismo: entendido como ausencia de idealización, pero consciente de las idealizaciones que hacemos todos. La existencia de la ilusión no es una ilusión (Bourdieu). Cine modernísimo, siglos por delante del 90% de los audiovisuales del  presente. Por su concepción progresista, perceptiva y analítica de las diversas realidades que diseñan la Realidad. La película puede verse en todas sus relaciones de poder, con claridad: el patrón del barco y su mujer, el patrón y su único marinero, la patrona y este marinero, el marinero y el joven ayudante, el patrón y el buscavidas que flirtea con su esposa, el buscavidas y la esposa del patrón. Y puede examinarse la película en sus dicotomías (en absoluto esquemáticas), no muy distintas de Sunrise: naturaleza y ciudad, belleza y pureza, amor y pasión, libertad o... libertad. Sí, definir la libertad (con sus propias complejidades y determinismos, aquí en su relación con el amor y la pareja) es estar escarbando en una herida perpetua que no cesa de manar sangre, y supongamos que mejor así, que mejor que no pare de sangrar.

7) Jean Vigo, Buñuel, Hitchcock y el Godard de los sesenta: aquellos directores capaces, en sus obras grandes, de no regodearse nunca en planos y montajes superfluos. No superfluos para la historia, sino para la narración cinematográfica: estadio superior a “trama” o “tema”, que conjuga la pulsión de los creadores, las ideas que han originado el guión y los hachazos de improvisación e inspiración inminente. Vigo, por otro lado, abría el abanico del documental que abomina del reportaje, el documental creativo: cuyo objetivo es recoger el mayor número de “totalidades” de la realidad, movimientos, gestos, diferencias. Extraer elocuencia y así belleza compleja, no siempre bonita ni paisajística ni duradera ni de marfil, sino de un mundo concreto, una realidad social específica. La progresión es: mostrar(nos), conmover(nos), hacernos mejores. Es decir, hacernos activos, no pozos sin fondo sino olas que han de romperse en la orilla y que erosionarán lo eterno (esas piedras y acantilados que han estado ahí desde el principio y que parece que ahí estarán por los siglos de los siglos; pues no necesariamente).

8) Vigo fue una ola de corta duración, trágica suerte que no hemos de llorar.

9) Porque su poder de erosión (en batalla contra censuras, cerrazones y cegueras) es extraordinario, impertinente, significativo (y nunca cerró los ojos a la irritante pero socialmente aceptable distinción entre ricos y pobres).

10) Creó una historia de amor y de mar surrealista, romántica, tan intuitiva como reflexiva, dolorosa y feliz. Más atenta al movimiento incesante del mundo, la irrupción imprevista de los gatos, los intereses del vagabundo, las fealdades de lo cotidiano, la vulgaridad de gran parte de lo humano y la representación del trabajo (y lo que en los que trabajan significa el ocio), que a cualquier pasiva e inexacta puesta de sol. Contra todas las veleidades superficiales, patrióticas, astutas, vacías, falsas, cínicas y depuradas de cualquier súbdito más o menos leal, capaz y consistente del séptimo arte; para quien Vigo debería ser un rey sin corona, alguien a quien seguir en su búsqueda y deriva. Lo contrario es justo lo que observo a mi alrededor, mirando por la ventana, mirando la televisión. Lo contrario es casi todo.