BROOKS Richard (1912-1992)

The Professionals (Los profesionales) (1966: 8.5)

Western que va de menos a más, como los grandes equipos de fútbol.

Sus últimos quince minutos, más o menos, lo sitúan en el olimpo del cine honorable. Al principio uno echaba en falta el formalismo, la épica, la ficisidad y la lírica de las películas del Oeste de los cincuenta: de Hawks, Mann, Ford y otros. Luego Brooks, inesperadamente, sabe rescatar la acción y colocarla en un precipicio en el que los principios éticos, el sentido de la vida y el coraje como virtud absoluta se agarran y se estrujan entre ellos hasta dejarse sin ningún zumo sobrante. La segunda mitad de Los profesionales es admirable, portentosa y muy en la senda de un Peckinpah que, en aquel momento, aún no había dirigido Grupo salvaje, con la que The Professionals comparte más de un componente de trama, aroma, disparos y moral. En todo caso, además de filamentos del autor de Major Dundee, Los prefesionales también posee aires walshianos y hawksianos y, casi, diría, shakesperianos en su parte final.

Los profesionales están comandados por Lee Marvin: son la tropa de Marvin, un actor siempre estupendo, irónico y con fondo trágico, valiente y digno. Este aspecto enmarca la película en el tipo de film y papel que Marvin repitió con grandeza durante su carrera: Doce del patíbulo, The Big Red One, Point Blank… Por otro lado, lo cierto es que existe un extraño y repentino vínculo (la sed y la arena ayudan) entre este film y los 3 padrinos de Ford.

La revolución, las causas con mayúsculas, el individualismo, el dinero. La profesionalidad.  Los escrúpulos. La justicia y la libertad (y hasta toques libertarios previos a mayo del 68). Son cuestiones tratadas por Brooks en este espléndido film del Oeste que contiene en su último cuarto un asombroso duelo entre riscos en el que Burt Lancaster vence a un pequeño ejército de mejicanos. El desenlace de esa escena, en la que Jack Palance y Claudia Cardinale terminan abrazados, me recordó Juntos hasta la muerte de Walsh (e incluso High Sierra, del mismo autor).

Brooks, artesano con olfato, era capaz de llevar a buen puerto prácticamente cualquier guión o producto que caía en sus manos. Brooks acertaba casi siempre, pese a que sus blancos fuesen cambiantes. Podría decirse que, en su época, era del tipo de autor “líquido”: palabras que tomo de Jordi Costa, quien, en su crítica sobre Slumdog Millionaire en febrero de 2009 (El País), habló de “autoría líquida” mencionando a Winterbottom y D. Boyle. Brooks, en su momento, también se diluía e integraba en obras variopintas con sentido de la oportunidad y la coyuntura, también con talento, profesionalidad y astucia; sin aportar, propiamente, una mirada personal, profunda, distinta.

En todo caso, de Brooks sí es el guión (a partir de la novela de F. O’Rourke) y habría que felicitarle por siempre jamás por el fabuloso monólogo sobre la vida, el amor y la muerte que Palance suelta en sus minutos postreros. Extraordinario y hondo.

Un ya veterano Robert Ryan, otro de los profesionales, cumple con su cometido aunque de manera algo cohibida, estando su personaje a la sombra de Marvin y Lancaster.

Woody Strode, el poderoso negro de Espartaco, muestra su habilidad con el arco pero sus palabras son escasas, subordinadas (como en el caso de Ryan) a los carismáticos jefes.

Y terminemos con Claudia Cardinale, cuya belleza y carne fresca se apoderan de la película en cuanto asoman. Cómo mira, cómo cabalga, qué resplandor de mujer bellísima. Lo cual, no nos dejemos llevar, supone un subgénero: el de la explosiva actriz italiana que, en algún momento de su carrera, hace las Américas. Además de Cardinale, actrices guapísimas como Elsa Martinelli, Gina Lollobrigida, Sophia Loren, Silvana Mangano, Valeria Golino, Stefania Sandrelli o Monica Bellucci han estado o están en ese grupo no menos salvaje. Viendo fotos de ellas, ahora mismo, en Internet, uno confirma sin romperse la cabeza cuál pudo ser el criterio de contratación. No hay que pensar mucho. Productores, directores y guionistas de Hollywood, qué tipos tan listos: unos profesionales.