MILESTONE Lewis (1895-1980)

The North Star (La Estrella del Norte) (1943: 6.0)

1) A especialistas de la lírica les he oído que la poesía (y se refieren a la “poesía verdadera”) no se busca, sino que se encuentra.

2) Rechazan a aquellos esforzados o almibarados agentes de cultura que se pasan el tiempo, las páginas o las imágenes diseñando momentos poéticos.

3) Supongamos que Milestone es uno de estos señores que ambicionan la poesía. En The North Star se detectan varias estrategias encaminadas a poetizar, es decir, a elevar estéticamente la realidad, los fotogramas, instantes de celuloide. Así, Milestone no “captura” momentos: no ha llegado a ellos sino que los ha creado para ver si “cuelan” o, meramente, para que un público manso imbuido en el tema y rema de la película sí los disfrute. Como el francés Clement en Jeux Interdits, otra obra blanda con trasfondo bélico.

4) Hay en La Estrella del Norte un recargado elemento de simetría en los encuadres y puesta en escena y un repetido subrayado del carácter de “pueblo” del pueblo Estrella del Norte, en la Unión Soviética atacada por los nazis en los inicios de la 2ª Guerra Mundial. Hay planos a ras de tierra que resaltan la grandeza o amenaza (estética) y un insoslayable sesgo coreográfico en los movimientos y escenas de los personajes que chirría con el drama bélico y humano que Milestone, moldavo, quiere enseñar.

5) Hay, también, abundante carga pedagógica en la representación de los bravos rusos y rusas que resisten con todas sus fuerzas al ejército alemán.

6) Se trata de una obra que, vista hoy, resulta extravagante, y por ello al menos sugerente. Por ejemplo, la estrella Dana Andrews, piloto de aviación, muere cuando aún restan 35 minutos de película. Por ejemplo, las técnicas de narración no siguen pautas clásicas sino que son un compendio del montaje ruso y la caracterización enfática, idealizada y romántica. Y más: rusos y alemanes (actores americanos) se dirigen unos a otros en inglés.

7) Desde los EEUU se realizó este cine anti-nazi de propaganda de la URSS socialista. Extravagancia en un año, 1943, en que los EEUU aún no habían entrado en conflicto y cuando en Hollywood todavía no se asumía el odio al “rojo” ni el patriotismo obligatorio; ni parecía asentado, por cierto, el clasicismo.