HITCHCOCK Alfred (1899-1980)

The Man Who Knew Too Much (El hombre que sabía demasiado) (1934: 7.0)

1) Saber demasiado es peyorativo. Como pensar demasiado o hablar demasiado. Prácticas peligrosas, disfuncionales para la acción. Dicen.

2) El hombre supo de una intriga terrorista o anarquista para asesinar a un prelado de la democracia. Los malos secuestran a su hijita. Saber demasiado le supone “el miedo a un peligro inminente y constante” (Caín, Arcadia).

3) Los inicios del relato hablado. De 1934 he visto hace poco L’Atalante y Of Human Bondage: una obra maestra del cine-ráfaga y un interesante estudio en fatalidades. Ambas experimentan con la narración, la representación de conflictos de manera clara para el espectador y artística para el arte.

4) Hitchcock anda trabado en tendencias en este film extraño que combina imágenes de oscuro expresionismo con transiciones de locos, ralentizaciones en las muertes y las miradas. Un cine de sinuosa herencia del cine silente: algún diálogo sólo llena el tiempo, otros ruidos o gritos no llegan ni a sonar.

5) Un Hitchcock ni relajado ni preciso. Película invertebrada que parece lanzada escaleras abajo, dramatizada con actores estoicos que trasmiten con tranquilidad su ansiedad o viceversa: y esta ambigüedad es Hitchcock.

6) Revista Club Cultura, otoño 2005. Abel Ferrara admite preferir a Godard, Pasolini, Casavettes y Fassbinder porque ofrecen su alma al público; por encima de la técnica le imprimen una personalidad a su obra. Una pasión.

7) El alma de este Hitchcock se manifiesta en dos almitas: la técnica un tanto apresurada de ofertar suspense y peligro inminente, y un ligero sentido patriótico en defensa de la democracia conservadora y sarcástica (frente a solemnes y bestiales terroristas o anarquistas o revolucionarios).

8) La revolución de Hitchcock está en los detalles: insertos, primeros planos, uso inclemente del montaje, puesta en escena malabar. Este Hitchcock quizá supiera demasiado, pero no ofrecía su alma al público. Ofrecía su risa, su miedo, lo cómico de lo trágico; su estoicismo. El alma no ha de ofrecerse, habría acaso dicho: el alma se salva o no. Por sus obras los reconoceréis.