RAY Nicholas (1911-1979)

55 Days at Peking (55 días en Pekín) (1963: 7.5)

1) 55 días en Pekín: superproducción rodada en España, época de la apertura, el magnate Bronston. Leo: a Bronston le gustaban los decorados inmensos, la espectacularidad de las masas de gente, las batallas históricas, el glamour vendible como mercancía de ricos para pobres.

2) El director, Nicholas Ray, andaba enfermo (leo), no acostumbrado a tanto fasto y bullicio a su alrededor, tantos elementos y personas que debía controlar, tantas convenciones y condicionantes típicos de superproducción.

3) Tanta vejación: hay artistas capaces de salir del atolladero de estudios y productores con furibunda dignidad y gobierno. Otros en cambio sufren, se pierden por el camino o se apartan. Las crisis humanas, 1972:

3) Según J. Ferrater Mora, una vez que hipotéticamente se ha alcanzado el perfecto funcionamiento de una sociedad, “todo el que no se haya sometido a la adaptación habrá sido considerado, según los casos, como un criminal o como un anormal. Habrá tenido que suprimirse o readaptarse”.

4) Imaginemos esa sociedad perfecta que funciona como un reloj. ¿Nos queda algún problema por resolver? Parece que no: todas las piezas encajan.

5) Pero el individuo no es una pieza, o no sólo. El malestar seguirá vigente.

6) Una dosis de inconformismo permanente y razonable mantiene el motor de la sociedad en funcionamiento. Porque la sociedad, sigue Ferrater, es una realidad, pero también un conjunto de posibilidades. Y éste es el aspecto más puramente humano de la organización humana: la potencia dormida.

7) La intuición del fracaso individual convive con un inconformismo latente en toda sociedad humana organizada: sociedades que acaparan corazones.

8) Heston en bonita maniobra sube a su caballo a la huérfana niña semi-china. Se merece una oportunidad. 55 en Pekín se cierra con una imagen de los ejércitos aliados retirándose de Pekín tras la victoria. El encuadre no es victorioso sino cáustico, delimitado por los boquetes de las ruinas, que marcan el verdadero “encuadre” de la victoria. “Sin límites, no hay hombre”.

9) Dispersa, hermética, excesiva pieza me surge tras la difusa 55 días en Pekín, tras mis lecturas, filmes, detalles de Ray. Pese a la monstruosidad inherente a las superproducciones ideadas por magnates, pido un homenaje al excelso movimiento de figuras, al virtuosismo en las pequeñas cosas: ráfagas de Ray, ráfagas de una crisis humana, nacimiento o fin de utopías.

10) Las utopías, finaliza Ferrater, están en la cabeza y, especialmente, en el corazón de los hombres. Utopía: absoluto, realidad moral. Toda realidad guarda pero enseña su deseo de transformación. Toda realidad es lozana o sombría pero grita contra sus límites: su organización. Hombres como Ray, con su fracaso o su gloria, con esta realidad llamada 55 días en Pekín, con esos encargos gigantescos y su romanticismo complejo, deslizan en las obras en que han participado un aliento humano, brisas de cambio y de pérdida.