PASOLINI Pier Paolo (1922-1977)

Porcile (Pocilga) (1969: 8.0)

1) Tras presenciar Pocilga leo las páginas que Silvestra Mariniello le dedica a esta película en su Pier Paolo Pasolini. Le he contado a mi hermana, que me acompañó 5 minutos, que al final del film el joven protagonista era devorado por unos cerdos. Ella me ha sonreído y me ha llamado “sabio”.

2) Mariniello escribe que Porcile es una película sobre “obedecer o morir”: “la desobediencia civil: la desobediencia respecto al poder en sus diferentes formas, ya sea éste el poder patriarcal, económico, militar o, incluso, “revolucionario”.”  Estas palabras españolas son del señor Aja, traductor.

3) Mi hermana no habría obedecido a Mariniello ni aunque hubiese visto 90 minutos. Pero tras esos cinco se fue a la oficina a trabajar: se dedica a la contabilidad de costes y a otras cosas que me cuenta y que no entiendo.

4) Mi hermana no entiende cosas que yo veo, y yo no entiendo cosas que ella hace. Somos iguales. Nadie sabe todo ni de todo. Tampoco yo sé de Pasolini, pero me animo a ver sus películas más que mi hermana. Diré sin remordimientos, sin humildad (en el silencio de mi habitación, de mi flexo), que un film de Pasolini es una invitación a soñar despierto: moviendo las piernas y los brazos, reflexionando airadamente. Todo eso junto: Porcile.

5) Mariniello habla de aquellos estudiantes que se manifestaban en Berlín, mencionados en la película en su parte “contemporánea” del año 1967. Estudiantes homogéneos que protestaban para que el poder los admitiese como cupo de “insatisfacción satisfecha de su insatisfacción”. Un poder que “necesita esa protesta canalizada por las formas canónicas y previsibles de desacuerdo. Pero Julian, paralizado entre la obediencia y la desobediencia, molesta al Poder, al igual que su erotismo fuera de las reglas.”  De pocilga.

6) Lo que puede ser etiquetado, sea en política, en literatura o en arte contemporáneo, puede ser controlado: medido, calificado. Porcile.

7) Pero qué hay de Pasolini, de Porcile, de Julian (que interpreta Jean-Pierre Léaud), que no se resigna a nada, no se opone explícitamente a nada, ni le parece bien nada. Lo de los cerdos: un símbolo, diría mi hermana. Y tiene razón, pero “razón” no sería un concepto de Pasolini.

8) De eso que escribía Mariniello, en su meritoria si bien apagada y, paradójicamente, a-histórica tesis sobre Pasolini, escribía también el gran sociólogo Bourdieu (influencia mía desde que mi directora de tesis me recomendó su lectura para utilizar sus conceptos en la interpretación de datos empíricos, en las conclusiones de mi tesis sobre traducción, censuras y textos cinematográficos inglés-español 1970-1985. No sabía mi directora el arma que me ponía entre manos. Y aún no la he utilizado “activamente”. No. Ya sé bien que algunos de sus cartuchos han quedado silenciados entre las páginas de mi costosa tesis, bendita tesis, que pretendía vengarse de los poderes que la hacían posible, que la masacraron, silenciados por el silencio administrativo, el silencio de la no-cita, la no-publicidad, el silencio del resentimiento, porcile, compadre Pasolini. Los cerdos abandonaron la piara).

9) Bourdieu escribió (entre otras joyas transversales: cortan por lo sano entre ideologías proclives al auto-bombo, dicotomías afamadas y abstracciones de la Derechona y la Izquierdina) que la “hipocorrección”, concepto que él útiliza por aquí y por allá, denotaba una “forma controlada de descontrol”. Esa es la desobediencia falsa, que tanto interesa a los poderes (desobediencia, estos meses, de la Derechona afanada todos los días en el “apocalipsis now”, mientras la Izquierdina obedece: apoya al presidente Zapatero para defenderlo, creen, de los ataques de la Derechona).

10) Eso es Pasolini, primordialmente: un cine de superación de disyuntivas, cortapisas y modelos teóricos. Que incluye trazos de Godard (y yo siempre escribo Weekend, pero también Masculin Fémenine), siluetas negras del Séptimo Sello de Bergman, tonos de herejía cómico-solemne (Buñuel, su Vía láctea), la cura de humildad occidental de Deliverance y hasta los montes desnudos que circundan al hombre de Kiarostami, más cercano en el tiempo a nosotros: a mí, a mi hermana, a ti. Lo queramos o no, compadre.

11) Lo especial de Pasolini es siempre otra cosa: la imagen mítica, impudorosa, el diálogo retórico porque sólo es retórico lo que ha asumido su brutalidad auténtica y no se “ve”. Simbolismo y Brecht, Davoli paseando despistado por el siglo XV italiano y la Alemania de 1968, asomado con esa cara suya pícara, enigmática, vividora, ingenua en su insolencia. Davoli bailando en un campanario mientras suena una flauta popular o medieval: ése es el Pasolini emotivo. Y los cerdos en la piara, y los poderes viejo y nuevo (aristócrata y capitalista sin escrúpulos) firmando su unión para que todo siga igual, la desobediencia real se silencie y la desobediencia estética continué siendo un pilar en la perpetuación del poder (así hoy día, lamentablemente es así, el ala más gorrina del PP y ETA se retroalimentan. ¿Equidistancia? Sí, hombre, sí, y fragancia, y constancia, lo que tú digas, majete. Todos somos gorrinetes, so sabio. Así que menos lobos y, atención-atención, menos Caperucitas. Te lo ruego, autor).