MALICK Terrence (1943-_)

Badlands (Malas tierras) (1973: 9.5)

1) Cumplo 30 años en una semana. Con esa edad Terrence Malick, tímido y peculiar (según cuentan Martin Sheen, Sissy Spacek y algunos de sus colaboradores en un documento del DVD), realizó su primera película.

2) Badlands es una de las obras más hermosas que he visto en mis treinta años de vida y cine (y qué he hecho yo de valía, todo lo más estas líneas, que llamo El cine que pudo reinar, que no es arte; y me atosiga una sensación de que podría hacer más y mejor, pero no sé reflejarme en arte; si bien estas líneas son al menos, eso creo, un pálido fuego de la llama que soy; quizá en mis treinta aprenda a ser yo y acercarme al arte que admiro).

3) La hermosura de Malas tierras: imágenes siempre inesperadas y diálogos breves y enigmáticos; combinación de ingenuidad y romanticismo simple; dos personajes que me apabullan, Kit y Holly, él y ella aventureros sin motivo; él mata a la gente que se pone en medio, ella, adolescente, lo sigue en su amor, admiración o ignorancia: son las tres lo mismo.

4) La película revela imágenes de un primitivismo intelectual, conseguidas por un genio, Malick, rodeado de un equipo que se fió de sus intuiciones, sus certezas, sus derivas. El cine, sí, como deriva, búsqueda e huida hacia adelante, el cine como plasmación de imágenes que desafían la lógica moral.

5) Me río yo de Bonnie & Clyde: película llamativa por su retórica o arte de la persuasión y que no será de la estirpe de Godard por mucho que algunos insistan; film de inevitable y nefasta “coolness”, ambicioso y estancado en su pija rebeldía. Badlands es un revés del glamouroso film de Arthur Penn.

6) Una obra atrevida en su timidez, que me desarma con su candor, en su deambular por los límites entre pureza e imitación; ay, la libertad:

7) Estamos hechos de hábitos adquiridos, imágenes vistas y asumidas, para bien o para mal, como ese Sheen que juega, o le hacen jugar, a James Dean, y que muere creyéndose una leyenda, y quizá lo fue, o sin duda lo fue.

8) Badlands es un hito en la historia del cine americano, un canto incierto, contradictorio a la hermosura de la vida limpia y salvaje, cuando uno, imbuido en un confuso pero poderoso sueño que no se corresponde con la realidad, persigue intuitivo y ensimismado una imagen, buscando que esa imagen termine por ser todo lo que es real y merezca la pena vivirse. Lo importante es lo que uno ha imaginado de sí mismo: la felicidad es interior en el ser feliz, pura inmoralidad, que es arte. El cine así como escapatoria y y libertad interior del individuo; y, esto, independientemente de que en la civilización verdadera (de personas reales que sufren o han muerto, de sirenas de polícias tras el rastro del cruel asesino, de seres cuya vida ha quedado rota con o sin motivo) lo-que-no-es-cine (pero se rige, lo quiera o no, por el cine y otras imágenes ficticias) navegue en otras direcciones, hacia otros mares más prácticos y despiadados; enfrentados a la timidez del riachuelo Malick, mas un rio lobo, rojo, bravo (en 1973).