MALICK Terrence (1943-_)

The New World (El nuevo mundo) (2005: 2.0)

1) Océano Malick, 32 años más tarde de su fenomenal Badlands: sólo que un océano irritante. El corazón de las tinieblas, versión New Age: si el clásico de Conrad lo hubiese escrito Paulo Coelho... Arte naïf, filigrana fauve, un Gauguin en movimiento y desparramado por la pericia de los cuatro (¡4!) editores o montadores que aparecen en los créditos de The New World. Queda así la película convertida en una estilizada orgía de imágenes de naturaleza rebosante, honrados nativos y brutos colonizadores. Ah, excepto el horrendo Colin Farrell, dublinés malhablado y pendenciero que no se sabe qué pinta en esta historia. O no se trata de una “historia”, sino más bien de un producto del Nuevo Malick, empeñado en incorporar las convenciones macroestructurales de Hollywood para seguir metido en un negocio que no había sido el suyo. Pero Malick, en el siglo XXI, no obedece la lógica narrativa clásica, ni le queda el impulso veraz, enigmático y poético de Malas tierras. Su ficción se ve gobernada por una metodología fílmica muy del abarcador Oliver Stone (caudal de imágenes ofrecidas a saltos; contra la quietud, el equilibrio y el realismo), un axioma moral de ingenuidad-florero así como de Hermano Sol, Hermana Luna y un fundamento panteísta (y seudo-intelectual: esta vez sí) que pudiese provenir de las visiones natura-memorialistas de un Tarkovski, o alguno de los sub-tarkovskis a la venta en farmacias.

2) Cara, blanda e hiper-producida obra cinematográfica norteamericana del siglo XXI, ajena a la exposición clara o agresiva, al humor jovial o subversivo y a la exploración de enigmas o injusticias ciegas. Poesía innecesaria y, ciertamente, no para el pobre, sino para los coloristas machotes de clase media, sus amigos gays más recalcitrantes y sus cuñadas estupendas extasiadas con el espiritismo de R. Gere y la cienciología de T. Cruise. Cine de bella fotografía (faltaría más), insaciables minutos muertos y escuálida musculatura intelectual. Me molesta el Malick neo-estético, inane y absorbido por el Montaje. Esta versión revisionista, alucinógena y mega-pretenciosa de Romeo y Julieta me resbala tanto que, mientras de reojo la miro, escribo estas líneas en un “post-it” amarillo. No reinará este cine.