ÁLVAREZ Mercedes (1966-_)

El cielo gira (El cielo gira) (2004: 8.0)

1) “Sun destroys/ The interest of what’s happening in the shade.”

2) Son versos del poema de Philip Larkin The Whitsun Weddings.

3) Su traducción: el sol destruye el interés de lo que está ocurriendo en la sombra. Porque el sol penetra (en) estancias apartadas e ilumina hechos o presencias que querrían pasar desapercibidas. Porque al ser descubiertos, puestos a la vista por el poder del sol, esos hechos o presencias pierden su escondite, su misterio. Porque el sol desvanece el sueño de una felicidad que se deseaba íntima, en la sombra. Porque ese sol es totalitario y eficaz, y no admite lugar para la disidencia, la oscuridad inaudita, la sorpresa.

4) Aún así, el sol en tanto que mercado permite la producción y distribución de obras como El cielo gira. Ese sol, a su vez, puede verse en el film como el progreso o el futuro que llega al soriano pueblo de Aldealseñor, que, a punto de desvanecerse en sus últimos habitantes, es visitado por la tecnológica modernidad: imponentes molinos de viento, construcción de un postmoderno hotel. Por suerte, otro sol incapaz de resistirse al ocultamiento de su propio pueblo, Mercedes Álvarez, vuelve al hogar familiar para recoger, captar y así guardar para la posteridad los últimos restos animados e inanimados de Aldealseñor y sus alrededores. Capturando así el interés que habitaba en la sombra, ahora asomando a la superficie del mundo gracias a la película.

5) Es una propuesta de preservar en imágenes cosas que están en su proceso de destrucción, erosión y enterramiento, como señala M. Marías en su crítica de la película en la excelente revista de cine Rouge (http://www.rouge.com.au/index.html). Mi entusiasmo es algo menor, no obstante, que el de Marías, que admira la frialdad y la ausencia de sentimentalismo y demagogia como cualidades de El cielo gira. Me habría gustado una mayor “participación” de la autora en su obra; mayor compromiso y calidez. Y me sobraron varias líneas de su voz en off, algunas francamente pretenciosas y, de alguna forma, esperables. Hacían referencia al Tiempo, sobre todo, en impropio recurso enfático.

6) Lo más asombroso de la película es la capacidad de Álvarez por darle entereza y solidez a las imágenes, vistas como se mira algo por primera vez. Buscando al mismo tiempo (no el naturalismo de paisajes y la naturalidad de los habitantes, sino) la “extrañeza” mítica y casi de ciencia-ficción del contorno físico del pueblo y la “metafísica” en la exposición de los personajes ante la cámara. Álvarez espera: para que surja la imagen bella y elocuente, aquella que pueda arrojar una nueva perspectiva sobre lo que (parece que) vemos con nuestros propios ojos. Y es que extraer imágenes del mundo y exhibirlas después sigue siendo una experiencia única, sobre todo en obras como El cielo gira. El cine ayuda a descodificar la realidad, porque nos enfrenta a visiones que no tendríamos en otro caso. Y Álvarez, en esa búsqueda de lo extraño en lo común, de lo estático en lo humano (la frialdad, cierto impresionismo, no-intervención) y de lo dinámico en lo inanimado o estático (esas máquinas que parecen monstruos metálicos, esos molinos amenazantes en tierras de la Mancha, ese palacio en penumbra que espera la irrupción de fantasmas), arranca un efecto de perplejidad en el espectador atento. Nos frotamos los ojos ante cosas que, vistas antes o no, adquieren una novedosa complejidad y rareza, lo cual nos lleva a sospechar (en estos días ensimismados y sensacionalistas donde el “botellón” se convierte en metáfora del Mercado, de la tontería generalizada y de la rebelión sin causa ni guasa) que, ciertamente, el mundo es un lugar extravagante, mágico y valioso que merece la pena capturarse y modificarse (mediante puesta en escena y montaje: no se olvide). No sólo como testimonio contra el olvido, contra el paso del tiempo y contra el presente sordomudo, sino como prueba de la vitalidad del ser humano y su circunstancia, como reivindicación tranquila de la naturaleza y los orígenes y como tributo a un tipo de audiovisual entregado a su causa. Que debiera incitar nuestra rebeldía.

7) Extraordinariamente original obra del género del documental creativo español, El cielo gira es inferior a El sol del membrillo de Erice (en su reflexión entre ficciones, artes y realidades), no llega a En construcción de Guerín (en su propuesta dinámica y constructiva) y tampoco alcanza la viva vertiente de testimonio antropológico de Adiós, hasta luego (de Raúl Rodríguez). Lo cual no impide que El cielo gira sea un acontecimiento, incomprensiblemente (o, más bien, todo lo contrario) despreciada en los premios Goya de este año. El cine en España no gira, cómo decirlo.

8) A propósito de un artículo de enero de 2006 de Rosa Montero (El País). La escritora comentaba un vídeo exhibido en el Museo Reina Sofía de Madrid, de J. Benito, en el que se mostraba:

9) ...la muerte a martillazos de una vaca; entre otras escenas lamentables, también se veía cómo clavaban puñales en el cuello al animal, mientras seguía vivo, para llenar copas de sangre... La exposición me pareció de una mediocridad apabullante y más apropiada para un colegio mayor que para un museo. Deseos: que El cielo gira se pase en colegios mayores y museos.

10) Y que el floreciente documental creativo español se aparte de tendencias típicas del nihilista vídeo-arte contemporáneo (tan reaccionario) y se adhiera a corrientes progresistas que aún miran/ respetan/ explican el mundo.