KING Henry (1888-1982)

The Snows of Kilimanjaro (Las nieves del Kilimanjaro) (1952: 5.0)

1) Narración basada en Hemingway, acerca de un hombre que exprime su existencia en quehaceres peligrosos y lugares remotos, en busca del exotismo fugaz, los animales salvajes, las mujeres hermosas, el lujo de la Riviera, la adrenalina africana, la España tópica del toreo, el flamenco y la guerra seudo-mexicana. Apura la vida al máximo, eternamente obsesionado con un sueño egocéntrico, torturado por las lógicas decepciones, atormentado por la renuncia a los supuestos ideales: el talento literario sin concesiones, el verdadero amor, perdidos casi para siempre. Ay, Henry, ay.

2) Abundan: forzados insertos de guión, transparencias que desnaturalizan la aventura auténtica, ritos de homenaje a la figura del macho dominante, un espeso Gregory Peck sin piedad por los ruiseñores. Ríen las hienas.

3) A años luz de la trágica e irónica Cazador blanco, corazón negro, a propósito de otro aspirante a cazador perpetuo, Huston; quien, por cierto, habría acometido su labor con mucha más pasión y discernimiento que King.

4) Para safaris africanos deliciosos, tanto mejor ver Mogambo.

5) Las nieves del Kilimanjaro, tortilla de patata en el Burger King, recalentada, contumaz; Inés Sastre leyendo a Kundera en “business class” mientras se traslada de las tiendas de Roma a los museos de Londres, escala en la pasarela parisiense, donde se casa con un golfista aristócrata.

6) Es como leer la entrevista en El Semanal con dos “damas de altos vuelos”:

7) Elena Ochoa y Vivienne Westwood. Ochoa dice: “el auténtico lujo es hacer lo que a uno le da la gana”. Westwood admite: “la cultura hoy se define por los sucedáneos como la televisión o el cine”. Ochoa edita libros de lujo de artistas consagrados. Westwood diseña moda provocativa (estrafalaria).

8) De la labor de tanto macho pijo y viril y tanta hembra olímpicamente sofisticada surge un arte de cuasi-selva y “duty free” que solivianta. Ay.