LUBITSCH Ernst (1892-1947)

Ninotchka (Ninotchka) (1939: 9.0)

1) Ayer mis dos primas más batalladoras celebraban el 1 de mayo de 2006 con reivindicaciones contra la precariedad del empleo en España. Pegaban carteles y concienciaban a quien se dignaba a escucharlas; y se permitieron el lujo de unas ricas empanadas, suave revolución no puritana, ya no.

2) En Ninotchka la revolución proviene, ingenua e ingeniosamente, del amor y del humor. Hábiles y excitantes ingredientes del amigo Lubitsch.

3) En tiempos de brazos en alto y puños cerrados, finos bigotes y pobladas barbas, era fácil decantarse por el revoloteo seductor y los chistes fáciles de Melvyn Douglas. Visto ahora, no hay color. O sí lo hay: el color de la sátira, la parodia, la exageración; la defensa de la felicidad del individuo.

4) Al mozo de la estación le espeta la recién llegada camarada Greta Garbo: “Eso no es un trabajo. Es injusticia social”. El aludido responde: “Eso depende de la propina.” El mundo capitalista desmonta el discurso marxista.

5) Y la severa Garbo señala sobre su amada patria U.R.S.S.: “Los últimos juicios masivos han sido un éxito. Habrá menos rusos, pero mejores.”

6) Así se machacaba el comunismo de la Rusia de Lenin y Stalin; risible.

7) “Esto no durará, camaradas”, insiste la Garbo ante los funcionarios tras ver en un escaparate un ostentoso sombrero de mujer. ¡Vaya sí ha durado!

8) “¿Qué parte de la habitación me corresponde?”, pregunta terca y austera la inamovible Garbo cuando se encuentra en su lujosa suite.

9) Y calcula: “Si estoy aquí una semana, le habré costado al pueblo ruso 7 vacas.” La solidaridad con el pueblo, la conciencia del gasto y la injusticia.

10) “Aquí llamas y te traen lo que quieres. Es el sistema capitalista.” Sencillo vaticinio (con conocimiento de causa) de uno de los colaboradores rusos de nuestra amiga Garbo, con un ya avanzado síndrome de Estocolmo (para delicia, supongo, de economistas actuales tipo Rodríguez Braun).

11) “Camaradas”, les reprende Greta a sus tránsfugas camaradas, “deben de haber estado fumando mucho”, cuando ve entrar en la suite a tres trabajadoras del hotel, magníficamente descocadas, que traen cigarrillos.

12) “Su córnea es excelente”, piropo de Greta a Melvyn. “La suya es fantástica”, replica embobado Douglas. Comienza el lavado de cerebro.

13) “Remolacha y zanahorias”, le pide Garbo al camarero, a lo que éste responde indignado: “Esto es un restaurante, no un prado.”

14) “Nosotros tenemos el ideal, pero ellos tienen el clima.” Afirmación irrevocable, jugosa, de dialéctica capitalista, o sea mero sentido común...

15) “Seamos felices”. Cambia el discurso; Lenin sonríe desde su serio retrato.

16) “Llegó tu regalo”, se emociona Greta al teléfono, “es muy tonto pero maravilloso”. Otra clave para entender la simpleza de las cosas, que diría Melvyn, acaso el propio Ernst: la tontería de relajarse y dejarse llevar.

17) “No hay música”, admite Garbo de vuelta en Moscú. En la radio sólo ponen discursos, análisis, arengas. La chispa de la vida está ausente, pero Greta se hace fuerte, hay que tirar para adelante. Moscú no está tan mal, al fin y al cabo; aunque no haya ni sol ni música, ni bobo romanticismo ni cursi seducción; y allá la magia de la luz cuesta un riñón, qué desperdicio.

18) Sigue nuestra Greta y encantadora Ninotchka en Moscú, y el desencanto y la mala leche se asoman a la ventana el 1 de mayo: “Mira qué feliz está la gente”, dice un camarada que desea convencerse a sí mismo. “No les culpo”, le reprende otro, “ya ha acabado el desfile del 1 de mayo”.

19) Mis primas no habrán visto Ninotchka ni creo que lleguen a verla, por desgracia; pero al menos ayer (comieron empanada y) escucharon música rock (o de cantautor) tras realizar su  labor paciente. Intentaban hacer ver a los pocos que se acercaban a sus puestos que la situación en España, pese a los acuerdos de los sindicatos mayoritarios con el gobierno, no es para tirar cohetes. Las empresas de trabajo temporal campan a sus anchas, los despidos son improcedentes e innegociables, los sueldos son nefastos, las pírricas becas multiplican su número para evitar los contratos auténticos, los empresarios siguen enriqueciéndose a costa de los trabajadores, las mujeres continúan ganando menos dinero que los hombres, la existencia de miles de sub-contratas complica las investigaciones sobre despidos, blanqueo de dinero, negligencia y accidentes. Y los méritos no se valoran pues el clientelismo y la corrupción son prácticas habituales. Y aún así es obvio, amigo Lubitsch, que hemos de alegrarnos por tener lo que tenemos: tantas parcelas de libertad conquistadas, que nuestros padres y abuelos no habrían imaginado. “No pueden censurar nuestros recuerdos, ¿a qué no?”. Es otra línea de la refrescante, deliciosa, delicada y aguda Ninotchka. Pero como bien supondrás, amigo Ernst, las risas todavía van por barrios. 2006 no es 1939, y las poderosas armas del humor y del amor, en sus aspectos más petulantes e insistentes, ahora las manejan los nazis y bolcheviques de la actualidad, por supuesto definibles por otros parámetros sociopolíticos.

20) Y antes de que me cierres la puerta en las narices, razonable camarada Lubitsch, deja que te susurre dos cosas al oído: 1) “mis primas de las consignas y la empanada son risibles pero débiles y honradas; ¿a que tú te reirías más de los otros?”; 2) “¿qué parte de la habitación me corresponde?”