CÁMARA Fernando (1967-_) / ALONSO David (1966-_)

Memorias del ángel caído (Memorias del ángel caído) (1997: 5.0)

La crítica española mediática, la pobre, se apunta a los bombardeos, en su modalidad de “fuego amigo”, con toda su desvergüenza, sin apenas disimulos. Estos días leo los ditirambos que El orfanato (ese precocinado éxito) recibe de nuestros reseñistas y, no por esperado, me resulta menos repugnante. De pronto asistimos a una aparente unanimidad a raíz de un título que, como he expuesto en su lugar (ver “Bayona”), es ínfimo e irrelevante, peor que todas las películas de terror y suspense a las que se refiere o copia, un refrito.

Mientras tanto, otras películas pasan de puntillas; y es imposible no sospechar que los lanzamientos comerciales están detrás de los índices de audiencia y los epítetos críticos. Memorias del ángel caído, película de hace unos años, no es una gran película, tampoco estupenda, ni siquiera buena. Pero, metiéndonos en el género o subgénero de los horrores y sobresaltos, a mí me parece más valiosa y original que El orfanato. Hagamos una encuesta entre las gentes de a pie: ¿Quién ha visto Memorias del ángel caído? Seguramente el resultado sería que acaso un 0,4% de la población la conocería, mientras que el film de Del Toro, la Warner y Bayona contaría con un 30%, no creo que menos. El márketing, el poder de la publicidad, imposible entender el fenómeno de otra manera. Menos eufemismos.

Memorias del ángel caído, título rimbombante y, vista la película, para mí incomprensible, también alude o recuerda diversas obras, tales como El exorcista, La profecía, La séptima profecía o Los comulgantes (esto es una coña marinera); más El nombre de la rosa y El día de la bestia; incluso Los chicos del maíz o La noche de los muertos vivientes. Pero desde un punto de vista puramente dramático, nos enseña la vida de unos curas, con sus dudas y silencios, miedos y certezas. El amor sí tiene cura fue una españolada de hace unos años. No sería mal título para el film de Cámara y Alonso.

Ambos realizadores muestran que, tras el vacilante, en algún momento espeluznante y, en general, discreto horror que ellos dibujan, están las vidas de unos sacerdotes (esa honorable profesión que, en el mundo católico, cada vez se está poniendo más en la picota), además de las vidas de unos jóvenes adictos al extrarradio y las drogas, que los enloquecen y asesinan: por el film revolotean los ruines buitres de la drogadicción juvenil y de las sectas, que le añaden tensión real al paranormal drama.

(El uso de la discutible cámara subjetiva le otorga inquietud al invento. Las escenas en la iglesia no están mal rodadas. El reparto masculino es superlativo: López Vázquez, H. Alterio, E. Gutiérrez Caba, S. Ramos, T. Ulloa. Pero si le hiciéramos al film un control anti-dopaje, daría positivo)