ALLEN Woody (1935-_)

Shadows and Fog (Sombras y niebla) (1991: 8.0)

Sombras y niebla es una de las muchas películas de Woody Allen que se despachan con el calificativo de “obra menor”. Menor para Allen: acaso. Pero mayor para otros otros muchos.

Shadows and Fog navega por el agradable mar relativista de la dulce parodia de géneros y épocas de cine. Viéndola me acuerdo con ternura y admiración de algún cine post-mudo: el de Browning (Freaks, por supuesto), Pabst, Murnau, Lang, Siodmak.

Niebla y artificio en elegante blanco y negro. Sombras y parodia: sin asomo de rencor.

Una trama absurda con psicópata y terribles muertes que remite al expresionismo, una historia sin timón pero con graciosas velas: el chiste, la pirueta filosófica ligera, el sentido de la vida (la ilusión, la ilusión) y el sentido de la muerte: mejor, pese a todo, evitarla, retrasarla.

Sombras y Fellini y su circo y su vitalidad sensual y nostálgica.

Niebla y Bergman y su circo y su (a veces, amarga) reflexión sobre los instintos y los deberes de la mujer y del hombre.

(Sombras incluso de Fassbinder, niebla acaso de Wenders)

El Allen relajado y mago, recuperado en el siglo XXI en películas estupendas como La maldición del escorpión de Jade o Scoop; un Allen impostado pero armónico, menor pero fluido, no en su momento más alto pero irresistible en tres o cuatro momentos para la carcajada perspicaz.

Un Allen de agradables “spoofs”, de mirada irónica y con un sentido trágico masticado con frases desmitificadoras y conejos de su interminable chistera.

Desmitificar sigue (por suerte, si se sabe hacer) estando de moda. El actor británico Malcolm McDowell, al que se le rinde homenaje estos días en Sitges, preguntado por sus recuerdos sobre la película que le hizo famoso (A Clockwork Orange, de Kubrick), le explica a T. García en El País (octubre de 2009):

 

“Mira, te voy a contar exactamente los pensamientos que asaltaban mi mente mientras rodaba La naranja mecánica: ‘¿Qué demonios habrá para desayunar mañana? ¿Será tan malo como lo de hoy?’. Te lo aseguro, de verdad, los caterings de los rodajes ingleses son lo peor del mundo”.

 

A veces la falta de pretensiones es una pretensión en sí misma. No abusemos de las sombras ni de la niebla; ni de sus contrarios.