WOOD Edward D. (1924-1978)

Jail Bait (Jail Bait) (1954: 5.5)

Que no me baje un ángel con un cisne me basto

(Carlos Edmundo de Ory, Metanoia, del poema de 1944 “Tránsito sombrío”)

 

Por algo me sonaba a mí la repetitiva musiquilla de Jail Bait: es la misma (me entero en IMDB) que la de Mesa of Lost Women, un hilarante desastre cinematográfico de 1953 que tuve la suerte o desgracia de ver hace unos años y que es, por cierto, bastante peor que la película del infravalorado (aunque bastante malo, por otro lado) Ed Wood.

Poco más de 70 minutos de acción… CON desmayo. La película que le pondrá un nudo en la… corbata. Ed Wood desafiaba los tópicos: aunque seguramente se tomase la tarea en serio. Visto hoy, parece un film negro más bien gris, “camp” y estéril. Pero para los jóvenes que la saborearon (es un decir) en su momento (programas dobles), quizá sólo fuese una película más de policías y criminales… No una de las más destacadas, vive Dios, pero tampoco del club de la comedia.

Los personajes de Ed Wood están indefensos ante el mundo y ante las cámaras. Sus caras y movimientos los delatan. Tienen miedo y no albergan certeza alguna: las situaciones en que su realizador los coloca son tan disparatadas que a duras penas consiguen creerse el papel y dar el pego. Casi siempre parecen confundidos, sentados o de pie sin convencimiento, desconociendo qué les deparará el destino o quién les dispará la bala: ni el propio Ed Wood sabía quién accionaría el gatillo, me temo, más preocupado por los “twists” más bien demenciales (aunque quizá él no pretendiera que fueran absurdos, sólo ligeramente razonables) de la historia (¡la historia!) que por la suerte de su equipo artístico (¡artístico!).

Esta gente es conmovedora, se mire como se mire. No es cuestión de ponerse paternalistas pero, la verdad, con actores como Lyle Talbot o Dolores Fuller apetece mucho serlo. Hasta el más malo de los malos no era más que una sombra de un malvado con mayúsculas.

Interrogatorios, persecuciones, flirteos, atracos: son todos ellos caras de la misma moneda risueña, artificiosa, inviable, negada o cursi. Todo es lo que parece en Jail Bait, aunque ese quizá no fuese el plan, pero la verdad es que casi ninguna escena resulta “dramáticamente” coherente. Los enlaces entre secuencias y hasta planos son graciosísimos, cómo decirlo, baratos sin pretensiones, con pelos en la lengua. Por todo ello, compadre Edward, y ya que nunca encontraste ni tu ángel ni tu cisne en el planeta Tierra (nos pasa a la mayoría), te dedicaré absurdamente el siguiente poema de Carlos Edmundo de Ory (de 1945), titulado “Soneto paranoico”:

 

Solo en el mundo con mi media oreja

Y una cortada flor en el semblante

Bajo a la mina honda del diamante

Que no tiene raíz ni tiene reja

 

Mas como soy del odio tenue abeja

Manada de algún duende nigromante

Peinaré con mi espalda el monte amante

Y con heces de concha de la almeja

 

Mi paranoia de Iolao y Averno

¡hola pato de oro hola marea

Donde la mar merece su medusa!

 

Y creo que de cebra tengo un cuerno

Y de llama una pata panacea

Que se gasta en mi alma y que se usa