APOYO (con matices) AL Movimiento 15-M

Quisiera, desde mi modesta web cinematográfica (pues escribir sobre cine no supone nunca escribir “sólo” sobre cine), apoyar al Movimiento ciudadano, llamado Democracia Real Ya, surgido en mayo de 2011. Por estos motivos:

 

Aunque sólo sea por su manera de expresar el descontento social, sobre todo de los jóvenes y, en especial, de los jóvenes desempleados, este movimiento ya merece la pena. Si se extiende por otros países de Europa, o de fuera de Europa, el éxito histórico será evidente. La conciencia ciudadana despierta. ¡Bien!

Por el entusiasmo, el civismo y la energía que se desprenden de las asambleas. Habiendo asistido sólo a una de ellas (durante una hora), he de manifestar mi admiración y asombro por la participación, la capacidad crítica y las ganas de ofrecer puntos de vista que puedan ayudar a mejorar este muy imperfecto mundo en que vivimos. El movimiento se demuestra andando.

Por lo que leo, oigo y he visto, el Movimiento 15-M ataca a políticos y banqueros, en especial. Es comprensible: me sumo a ello. La mayoría de políticos españoles hace mucho tiempo que no ofrecen alternativas que aúnen el rigor, la austeridad, la decencia y la capacidad “real” de mejorar la situación económica, política, social y cultural del país. ¿Cómo es posible que haya políticos imputados por casos de corrupción en las listas electorales de algunos partidos? ¿Cómo es posible que estos mismos políticos ganen las elecciones por mayoría? Es vergonzoso. Y mientras, los banqueros, tras ser “rescatados”, se suben el sueldo. Mayor felonía es inimaginable. Hay que posicionarse en contra de estas indecencias.

La idea de que los ciudadanos no somos ni meros consumidores ni meros feligreses está presente en algunas consignas. No puedo más que aplaudirlo. Vivimos en la Sociedad de la Producción (de productos y de consumidores): es una maquinaria que parece de obligada perpetuación para que no se derrumbe todo lo demás (el Sistema, digamos). Hay que rebelarse contra la dañina publicidad, presente tanto en los medios de comunicación como en las calles. Publicidad también política: propaganda que se alimenta de sí misma, que es un fin en sí misma. No se puede decir “amen” a todo sin más. No se pueden santificar las fiestas sin espíritu crítico.

En efecto, lo más importante, y hasta subversivo, de este Movimiento es su espíritu crítico. Pero cuidado: ha de ser crítico también consigo mismo. Que el entusiasmo y la ilusión (esenciales) no nublen la racionalidad. Que los sueños utópicos no degraden las opciones reales. ¿Ruptura total? Inviable. Pidamos lo posible.

¿Cómo no estar de acuerdo con el derecho a la vivienda (los precios abusivos, sobre todo en Madrid, de alquileres y compras), los servicios públicos de sanidad (¡no a las privatizaciones!), el control a las entidades bancarias (el control… ¡político!), la fiscalidad (impuestos más altos para los que más ganan, impuesto de transacciones internacionales, etc.) y la reducción en el gasto militar (ay, España una de las principales productoras de armas del mundo: qué vergüenza)?

Además, este movimiento demuestra que la generación de los que ahora tienen entre los dieciocho y treinta y pico años, en general bien formada, tiene opiniones propias y sabe expresarlas con valentía y articulación. He oído pocas tonterías estos días de mayo de 2011. La mayoría de consignas, arengas, impresiones, intuiciones y argumentos son razonables, nobles, justos y atractivos.

MI REFLEXIÓN cinematográfica: el cine nos informa, nos forma, nos conforma. Los audiovisuales nos rodean. Las pantallas, a las que miramos, también nos miran. Una película “nunca” es “sólo” entretenimiento pasivo. Así, el Movimiento 15-M habría de ser, también, un Movimiento Cultural: de apertura, tolerancia y reivindicación intelectual. ¿Tiene sentido que un indignado, cuando llega a casa tras una interesante asamblea, se trague cualquier bobada hollywoodiense o vea cualquier serie americana clónica (otra más)? ¿Qué había de nuestra queja frente al Mercado, contra la lógica del beneficio y los poderes financieros, dónde quedó ese rebelarse contra la injusticia, etc.? ¿Por qué no nos rebelamos, también, contra el control que Hollywood mantiene de nuestras salas cinematográficas y nuestros canales de televisión? ¿Por qué no proponer, precisamente para mejorar el mundo en que vivimos, una asignatura obligatoria de Historia del Cine o Análisis Audiovisual en la enseñanza secundaria? Si algunos abogan porque no se privaticen servicios públicos y esenciales, y consideran que la Cultura es básica, ¿por qué no nacionalizar los cines, siendo gestionados por expertos (flexibles, abiertos) conocedores del cine que se hace en “todo” el mundo? ¿No se haría nuestro propio mundo interior más rico, interesante y abierto, más riguroso, crítico y profundo, si renunciamos de una vez por todas a ser meros hijos de Hollywood y de las ficciones audiovisuales norteamericanas? Atención: somos (y actuamos como) lo que vemos.

 

Mis (humildes) matices

 

“Quererlo todo” no es el camino. “Todo” es como decir “nada”. Hay que querer cosas concretas. Lo conseguido hasta ahora es ya increíble, inesperado, esperanzador (escribo el 22-M de 2011). Y las propuestas realizadas son, en general, estupendas, y muchas repletas de sentido común. Pero ser específico, e ir al grano, es casi siempre un mérito.

Estando de acuerdo, en general, en la “eliminación de privilegios de la clase política”, no me parece prudente aspirar a que un político gane lo mismo (más dietas) que un español “medio”. ¿Por qué un político y no un empresario o un diseñador gráfico? Yo prefiero que un político gane más dinero que la mayoría de gente. A mayor dinero ganado, mayor responsabilidad. Un salario bajo, o muy inferior al de los políticos de otros países, significa rebajar la política a un nivel indigno. Que los políticos estén bien pagados no me parece mal, siempre que sean honestos, esforzados y se tomen su trabajo con pasión, seriedad y a tiempo completo. ¿Dónde encontramos políticos así? Bueno: algunos hay, rescatémoslos.

La actitud de este Movimiento respecto de Internet y los productos culturales, me temo, peca de ingenua e injusta. ¿Cómo que “no al control de Internet”? No lo entiendo: si somos intervencionistas y creemos en el Estado, la regulación es un concepto esencial en todos los ámbitos. Todos. También en Internet: que no puede ser la selva. Y no se puede apoyar la gratuidad de los productos culturales: los escritores de libros, los que hacen música, los que realizan películas, etc. son trabajadores como cualquier otra persona (y muchos trabajadores “secundarios” dependen de ellos y de su labor) y es justo que ganen dinero como la panadera, el minero, el secretario o la abogada. ¿Qué los productos culturales deberían ser más baratos? Sin duda, desde luego. Pero la piratería no es el camino justo.

Pese a la agudeza, perspicacia, justicia y dignidad de la mayoría de eslóganes y propuestas que pueden leerse, tanto en la web del Movimiento ( HYPERLINK "http://democraciarealya.es/" µhttp://democraciarealya.es/§) como en la Puerta del Sol estos días, hay algunos que caen en la complacencia, la abstracción y (lo siento) la tontería. Hay que evitar cualquier idea que, de facto, sea ya imposible (¿abolir el capitalismo?). Hay que evitar cualquier boba exageración (PP igual a fascismo). ¿Por qué exclamar “apaga el televisor”? cuando, acaso, habría que intentar mejorarla y reivindicar todo lo interesante que sí existe en algunas cadenas? Seamos positivos, constructivos.

No se pueden caer en contradicciones excesivas, aunque quizá sea inevitable. Las redes sociales, que tanto están ayudando a la democracia real, son negocios del Mercado: eso que se dice, al mismo tiempo, atacar. Cuidado con lo que se reclama: consumir hay que consumir y, aun cuando nos enfrentamos al Mercado, lo hacemos gracias al propio Mercado. Redes Sociales como Facebook están ganando mucho más dinero gracias a este movimiento. ¿Por qué no redes sociales alternativas?

La competencia, hija o madre del Mercado, permite que se puedan enviar cientos de mensajes baratos con el móvil. Permite un uso masivo (y razonablemente barato; algo menos en España) de la red. No caigamos en paradojas sin solución. Hay más etcéteras en este punto, pero lo dejo aquí. Ojo avizor: no nos despeñemos por tremendismos ni consignas puramente estéticas. Lo estético ha de ser ético. Las enmiendas nunca han de ser a la “totalidad”. Seamos posibilistas e inteligentes.