LOS 50, UNA GRAN DÉCADA DE CINE ESPAÑOL: UN BREVE APUNTE

Leyendo un artículo en la estimulante revista http://www.jotdown.es/ me doy con un conocido tópico en torno al cine español. Eso de que el cine del franquismo fue un páramo cultural. Algo que el propio J. Antonio Bardem se encargó de pregonar en su conocida proclama de las Conversaciones de Salamanca.

Por mi parte, y teniendo en cuenta lo que he visto (que es escaso), me arriesgaría a sostener que el cine del franquismo no fue, en general, peor que el del pre-franquismo ni el postfranquismo.

Me ceñiré en esta breve pieza a los años cincuenta, que la autora del artículo (Beta Valenzuela) desprecia de un manotazo. A bote pronto, querría apuntar una serie de películas o autores que se me ocurren ahora mismo y que desmienten ese desierto cinematográfico.

Me gustaría señalar, pues, que además de Berlanga, Buñuel y Neville, que hicieron varias películas excelentes (a la altura de los grandes autores internacionales), trabajaron otros directores no sólo no desdeñables sino más que interesantes. Algunos realizaron obras geniales.

Imposible no hablar del cine de Mur Oti, autor de melodramas intensos y originalísimos como la sublime Cielo negro o Condenados. Un crimen no apuntar el nombre de Nieves Conde, autor de la obra maestra Surcos (que acaso influyera a Visconti para Rocco y sus hermanos) y de esa delicia casi borgiana llamada Los peces rojos.

Fernán Gómez no sólo hizo la extraordinaria El extraño viaje ya en los sesenta; en los cincuenta realizó la divertidísima El malvado Carabel, entre otras, y poco después Solo para hombres, casi tan hilarante. Se consideran, ambas, películas “menores”.

Está, obviamente, Buñuel, que aunque hiciera películas en México y Francia, era un cineasta español.

Operaba ya en esos años Ignacio F. Iquino, cuya Brigada criminal merece una revisión. Estaba el muy vapuleado Orduña, que además de algunos (evidentes) bodrios hizo estupendas películas como la formidable Cañas y barro, a la altura del gran cine italiano del momento. Y Forqué, quien aparte de Atraco a las tres dirigió la graciosa El diablo toca la flauta y alguna otra cosa notable. Y Lazaga, autor de la oscura La patrulla, que tiene tanto de españolada como el cine de Samuel Fuller.

Y no nos olvidemos de las maravillosas Mi tío Jacinto y El cebo, de Vajda. Obras capitales, hondas, misteriosas. Ni de una de mis favoritas, la casi absurda Bombas para la paz (Román), entre rocambolesca y kafkiana. Y, claro está, mencionemos a Ferreri y El cochecito. Ferreri no rodó mejores películas que las que hizo en España en esos años. 

Y, para abrir otra vía de agua, apunto una obra policíaca poco conocida, ya de los años sesenta, llamada A tiro limpio (Pérez Dolz), de un poderío narrativo increíble. Pero los sesenta son otra cosa, y darían para un artículo más extenso. 

Repito que éste es un repaso veloz, nada exhaustivo, como es obvio. Se trata, simplemente, de un artículo escrito a vuelapluma que bastaría para sospechar que en los años cincuenta hubo películas españolas atractivas y algunas fantásticas.

Sin ir más lejos, no tengo ninguna duda de que fue un decenio más brillante que cualquiera de los tres últimos que nos ha tocado vivir. Y eso que hemos tenido a Almodóvar.

 

Marzo de 2012