EN TORNO AL POTENCIAL CRÍTICO

En torno al “potencial crítico”

 

Cada vez me convence menos esa diferencia (al parecer, nítida) entre “película de festival” (internacional) y película con “poco potencial crítico”, como ha escrito en mayo de 2012 un habitual del blog de cine Una de piratas (el gran cinéfilo Genjuro) a propósito de estas cuestiones.

De hecho, la propia expresión "potencial crítico" me resulta extravagante y con un regusto competitivo (para mí) desagradable. Como si hubiese directores, guionistas, directores de fotografía, actores, etc. especializados en competir por galardones en festivales de “alta cultura”, esforzados en inocular en sus obras dosis de “potencial” que puedan ser del gusto de los críticos más exigentes (o más pomposos: no está claro).

A mi modo de ver, en el caso de que algunos realizadores de películas tengan en cuenta ese criterio a la hora de ponerse a hacer su labor, se diría que es una ambición bastante ensimismada y poco natural.

Las películas, como los cuadros, los jardines o los libros, son para la gente (de Cuenca, Alabama, Madagascar o de Marte, ya no sé). ¿Qué gente? Pues no está nada claro. Eso de suponer que un director se sienta tan original que no aspire a que sus conciudadanos lo “entiendan”… parece una presunción desmedida. En todo caso, no ha de sorprendernos: cualquier creación, artística o no, que en el mundo ha sido, ha tenido o tendrá por lo menos un fan.

Aunque hay otra posible explicación. Pues, como decía Oscar Tusquets en su suculento libro Dios lo ve, podríamos estar ante unos creadores que busquen paradójica y algo insensatamente hacer obras invisibles, de espaldas al ojo humano. Tusquets ejemplifica esto con capiteles, fachadas, monumentos escondidos, incluso algún jardín o libro (si no recuerdo mal). Productos o entes “encontrados” a posteriori, de manera accidental; creaciones que parecían así tener la ambición casi metafísica de que nadie hubiese accedido a ellas. Entes sin receptor. A no ser que ese "alguien" que las descubriera, con gran esfuerzo, fuese nada menos que Dios, algún dios.

Tampoco (aunque esto daría o dará para otro artículo) creo que haya relación obligatoria entre la calidad y las películas más o menos exitosas en los festivales. El tiempo, a veces, apaga entusiasmos coyunturales. Ando ahora revisando y descubriendo películas de los años noventa (para un articulillo que se leerá aquí) y me sorprende la cantidad de ditirambos y galardones que recibieron algunas películas en festivales prestigiosos en esos años. Películas que, al menos, en lo que a mí respecta, tienen en común una pretensión por ser impactantes y se sostienen ahora de manera desigual (o por debajo de lo que presumían) debido a su talante exhibicionista, impostor y vanidoso; y todo ello independientemente de su potencial crítico. O acaso a su pesar.

 

Mayo de 2012