ENTREVISTAS A CRÍTICOS: PABLO MUÑOZ

HOY CONVERSAMOS CON: Pablo Muñoz.

MEDIO EN EL QUE ESCRIBE: El Diagonal, El Español

QUIÉN ERES: Un hombre pequeño (¡qué duda cabe!).

POR QUÉ ESCRIBES: Oh. Pregunta para el final de una carrera, no para el principio, en todo caso.

 

1-¿Cómo ves el panorama de la crítica cinematográfica en España?

En nada alejado del panorama de cualquier periodismo, incluyendo el cultural, o de las dinámicas de la academia en un momento de cambio, crisis económica, etcétera. Difícil, precario, extraño y abierto: renuncio al pesimismo, pero no a las condiciones materiales que señalan una situación bastante lamentable.

 

2-¿De qué crítico te gusta (o gustaba) siempre conocer su opinión?

Antonio Trashorras. Jordi Costa. Jonathan Rosenbaum. Y Manohla Dargis, claro, que es una crítica en un sentido más periodístico y espléndido. Llevo ocho años leyendo a Dargis. Me suscribí al times por ella y AO Scott. Dargis era la estrella del periódico, hacía textos y defensas apasionadas pero, al contrario de lo que uno pudiera esperar, sus decepciones estaban escritas con un lamento genuino.

Últimamente leo a Amy Taubin y a Dave Kehr. También me parece muy interesante todo lo que piensa Ranciére con o a partir de las películas. Y me deleitan las recomendaciones de Luis Magrinyà quien, pese a no tener tribuna, ejerce un criterio ágil y preciso, lleno de humor y amplitud. 

 

3-¿Cómo y cuándo decidiste escribir sobre cine?

Es una buena pregunta, pero lo hice desde mi bitácora y a partir de allí lo vine haciendo donde pude o se me ofreció, que fue en Blog de Cine principalmente y también en Miradas, una de las grandes revistas del país. Escribí sobre cine porque parecía el modo más natural de continuar discusiones, comunicar, etcétera. No creo que sea un caso aislado. Las películas transforman nuestro siglo pasado y como muchachito nacido en 1988 tienen el impacto formativo que, en mi caso concreto, la década de los noventa y los dos miles procuran los videoclubs, las televisiones por cable tan peculiarmente adaptadas a España y naturalmente, Internet. 

 

4-¿Con qué frecuencia vas al cine? ¿En qué otros formatos ves películas?

Buena pregunta. Depende de la época, trabajo. En general voy mucho. Digamos que al menos entre dos o tres veces al mes. La filmoteca de Catalunya y Phenomena bloquean cualquier intento de desesperación; los multicines son agradables también para su clase de película. Lo que tal vez no haga sea ver películas de estreno ya. Pero eso no importa ¿no?

 

5-¿Cuál es el cine que más te ilusiona en la actualidad?

Es importante saberse y entenderse desde la empiria y no pasa nada por ejercer de intérprete de lo vivido sin más: la mía fue la era del hype en los mazacotes veraniegos, ya sabes, creerte una serie de discursos muy bien trabados por ciertas dinámicas y publicistas de los estudios. El caso es que no digo esto en un tono necesariamente negativo, como lamento solemne porque lo cierto es que el cine de Marvel -que no hace ni produce ni necesita películas de autor o peor aún, subversivas- es el que me ilusiona en un sentido bastante primario e infantil. Sus películas son para el descanso y lo procuran. Tienen cada vez más la misma sensación de los tebeos de ligereza, chistes, espectáculo y dosis muy irrelevantes de violencia (aún podrían ser menores y estar mejor inclusive).

Si hablamos de otro cine, en términos nacionales, qué sé yo. Me lo he pasado muy bien con una tradición que aún no sé cómo nombrar de películas francesas donde se conversa y se mantiene como mucho una o dos epifanías por películas, no más. Cada año aparece una. Ahora me muero de ganas de ver la de Desplechin, quien película a película, suele ser muy divertido en sentidos en los que la palabra divertido ya no aparece o se adapta: sus personajes arrastran tragedias con aire tragicómico y sus relatos suelen plantearse en términos poco o nada tremendistas o melosos. En general, el cine de Desplechin es deleite.

Pero si en la actualidad refiere solamente a mi actualidad diré que los vastos territorios sin cubrir de cualquier cinefilia son ilusionantes. En este caso, las viejas películas del oeste. Uno va descubriendo cineastas y siente auténtico deleite. Como Anthony Mann, por ejemplo. También me ilusiona bastante que Shane Black haya hecho una película más como la que ya escribió salido de la universidad -Arma letal- de una pareja de amigos, un misterio y los clásicos motivos argumentales del viejisimo cine negro filtrado por el tampoco nada joven nuevo cine negro de los setenta y ochenta.

 

6-¿Qué directores estarían hoy día sobrevalorados?

Ha sido lo más bonito de estos años aprender que, en realidad, sobrevalorados no hay demasiados directores, o tal vez ninguno. Por sobrevalorado ¿qué pretendemos impugnar? El discurso del mercado no parece razonable impugnarlo, más que nada porque las cosas de éxito se explican a sí mismas, sin instancias críticas y lo que la crítica como discurso puede proporcionar son herramientas de criterio. El esnobismo es un pariente cuya visita parece indeseable en estos casos. Cada año que pasa pierdo el interés por decirle a la gente algo y agradezco, naturalmente, el trabajo de quienes examinan cuidadosamente obras y las seleccionan. Puede parecer tal vez paradójico -agradezco la labor de la crítica pero me siento menos capaz para entrar en una discusión pública- pero esta es la respuesta más honesta que puedo dar.

 

7-¿Es el director tu criterio principal a la hora de decidir qué película ves?

Apetencia, deleite, curiosidad. En ningún orden o jerarquía particular más allá de las condiciones de partida y lo que se nos da.

 

8-¿Cuáles son tus 5 películas favoritas en lo que va de siglo XXI (2000-2015)?

Qué buena pregunta. Fue una década formativa ¿no? En el año 2000 tenía doce años, el pasado año veintisiete. He vuelto a algunas de las películas. No siempre con entusiasmo. Podría decir que In the Mood for Love (2000) de Wong Kar-Wai es una película cuyas escenas todavía bailan. También diría que Un método peligroso (2011) es una gran, gran película, de época, con un destinatario en principio amplio -el buen gusto por las películas de épocas y con gente más o menos interesante como son Freud y Jung- al que se inquieta de un modo delicioso, tampoco nada tremendista.

Bueno, Saraband es del 2003 y es lo último que hizo Bergman. Infiel es del 2000 así que debería estar aquí también, otro guion de Bergman y una dirección fantástica de Liv Ullmann. Me lo pasé muy bien con el último Almodóvar. No cabe duda de que La piel que habito es tan memorable que algunos de sus estridentes detractores fingieron segundos pensares; pero también me parecen maravillosas películas como Los abrazos rotos o La mala educación Hable con ella. Y de hecho, Volver, claro y creo que Los amantes pasajeros, una comedia sin pretensiones que he visto ya cuatro veces y que habla de una desconexión aérea sea una película mucho más enjundiosa de lo que parece. En total ligereza.

Las horas del verano de Assayas me pareció impresionante. Prefiero Il Divo a La gran belleza, pero el cierre de la felliniada de Sorrentino tiene un pathos sentimental, italiano y vagamente nostálgico muy efectivo, ideal para algo de desgarrito mediterráneo. Copia certificada baila en mi cabeza siempre. Qué película tan extraña y hermosa, se ve como una conquista. 

Haneke, claro. ¡Ah, Haneke! Caché es tremenda y su bergmanada estuvo muy bien. Hay una película de Ava Duvernay, I Will Follow que igual merecería ser reconsiderada. Me parece que en esa vena satírica y negrísima, Nightcrawler está muy bien aunque solo sea para reírnos del cretinismo anormal. Y el hermano de Gilroy, Tony Gilroy, hizo Michael Clayton, otra de cine negro y formas contemporáneas tan bien contada. En esta década Linklater firmó dos de sus películas de la trilogía antes, que han envejecido muy sabiamente también, con este tono casi rohmer americanito y parlanchín tan agradable. 

No sé si alguien se acuerda todavía de aquella película italiana tan larga -fue hecha para televisión- que se llama La mejor juventud. Me lo pasé en grande viéndola. Allen hizo Match Point Melinda y Melinda. Creo que no se me ocurren más.

 

9-¿Podrías ofrecer una lista de tus 10 películas de siempre?

Me las inventaré porque ya lo dice la tonada argentina “ahora que para siempre no dura tanto”. Lo que más allá de tonadas y canciones, es una manera de decir que la luz de los días nos va transformando y siempre es un contrato bastante, bastante tremendo. Pero también significa que algunas películas volverán. Estas serían ahora mis diez.

Adoro Hasta que llegó su hora (Once Upon a Time in the West, 1968) aunque no porque sea una declaración amorosa al western (carta de amor, se escribe en los medios anglosajones). Más bien diría que es una deformación personal y barroca, con auto-conciencia de final y sentido histórico. Y claro, es un deleite cinematográfico. El musicote de Morricone, las miradas en esos planos de Leone, sus cambios de tono, las tres interpretaciones, la humanidad filtrada. Son virtudes que ninguno de sus imitadores, del más al menos conocido han heredado, acentuando los elementos menos interesantes de su estilo.

He visto muchas veces ya Historias de Filadelfia de Cukor. Es la comedia romántica perfecta, aunque merezca la pena discutir ese título. Zadie Smith decía que su protagonista -la pletórica Katharine Hepburn- debía gestionar la decepción y por eso le gustaba. Es una cosa alucinante de la screwball vista ahora: hay clases sociales y se plantea, como dijo Stanley Cavell en su libro maravilloso Pursuits of Happiness, la naturaleza dramática del amor. Algo que, en general, no se ve en las películas románticas donde un varón conquista a una hembra y hay un titubeo en medio para comenzar al final. Cavell, por eso mismo, las llamó “comedias del rematrimonio”.

Nos enamoramos pero tenemos que elegir quienes seremos y cómo vamos a vivir. Y qué es el amor. Menuda pregunta. Lubitsch hizo El bazar de las sorpresas y me sigue pareciendo una de las cosas más hermosas de toda la historia del cine, una película profunda y filosófica pero contada como solo sabía hacerlo Lubitsch (se habla del “toque Lubitsch” para referir a su elegancia como narrador y al humor y tono que parecen estar solamente en sus películas).

Por supuesto, el amor es asunto importante. Rohmer tiene muchas obras maestras, es lo que pasa con los maestros. La mujer del aviador es extraordinaria en todos los sentidos. ¡Qué difícil es esa película! ¡Y qué perfecta, luminosa, ¡tan bien escrita! Cada una de esas conversaciones. Oh, Rohmer.

Me parece imposible escoger un Bergman. Sonrisas de una noche de verano se suele vindicar poco, todos sabemos lo impresionante que es Persona Fresas salvajes sigue siendo magistral. 

Diría que L'aventura de Antonioni es tan moderna que todos parecemos  ancianos a su lado.  La he visto hace poco, y la verdad es que El color del dinero me ha parecido maravillosa. Scorsese está muy inspirado tan a menudo que casi da apuro leer textos donde alguien le chulea.

Laura de Otto Preminger. Creo que no hace falta ni explicarla.

 

10-¿Cómo ves la crisis del cine, el tema del IVA y la piratería?

La piratería juega un papel en la medida en que muchas veces procura copias de cine perdido o no demasiado relevante para el mercado y en la medida en que hace que estén disponibles desde muchos lugares cosas a las que no llegan. Dicho lo cual, lo veo mal, claro, porque la piratería en expresiones digamos generalizadas parece afectar a las recaudaciones de modo directo, malacostumbrar a la audiencia y no necesariamente estimular su curiosidad.

En ese sentido, y sin rubor alguno lo digo, soy un chico de bibliotecas, una vez más. Procuro ver de allí todo el cine que se me ha escapado en pantalla grande y no aparece o apetece para filmotecas o demás. Cumplen un gran servicio público y en general, tienen un grado de selección admirable. La diputación de Barcelona es maravillosa en ese sentido.

De la crisis del cine supongo que esto se refiere a la crisis del cine como modelo de exhibición, producción y distribución. Pensemos en una imagen común y comparable también en España: aquellas ciudades de provincia con uno o dos cines, el estreno brillando imponente, el viernes noche como lugar. Las cosas cambiaron ¿no? El centro comercial, las doce salas, el público adolescente que consumiría - no parece descabellado afirmar que el modelo vino heredado de la sociedad estadounidense de los ochenta y noventa. A pie cambiado, internet y ahora todas las plataformas de vídeo a la carta. Bueno. Es otra cosa. 

Sigo pensando que el cine como experiencia social permanece. Probablemente con el menor grado de convocatoria que eso provoca, pero permanece, al menos para mí. ¿Dónde estaría entonces la crisis? Yo no hablaría de crisis más que en un sentido económico y ni así, puesto que las corporaciones, cada vez más compañías de entretenimiento que estudios de cine, siguen batiendo récords. ¿Entonces? Tal vez haya mucho cine disponible. Décadas y décadas de cine disponible. Estamos por primera vez ordenando este recorrido, lo cual no está nada mal. 

Respecto al IVA, no tengo ni la más remota idea. Supongo que sería una afirmación cargada de buenas intenciones decir que en Francia esto no ocurre o mirad Alemania, pero me parece poco razonable sacar esta política económica en concreto de un estado de cosas particular y estructural en donde hay conceptos y discusiones en marcha o al menos configuraciones. Ya sabéis: Unión Europea, cultura, juventud, hábitos de consumo, deseable o indeseable, etcétera.

 

¡Muchas gracias!

(Junio, 2016)