MARAÑÓN EN EL CINE Y GILDA EN LOS ANDES

 

Me dirijo a usted, sí, no se esconda. ¿A que no ha leído nunca una novela cuyo héroe se llame Antón Requena? ¡Sea sincero!

Un nombre, y un hombre, sin glamour para un libro con mucho glamour.

Parece una declaración de intenciones.

 

Requena no es ni detective ni periodista, ni policía ni arqueólogo. Es director de la Filmoteca de Cádiz. ¡Ya era hora!

Requena no es ni muy perspicaz ni divertido; tampoco especialmente valiente ni interesante ni demasiado simpático. Es un tipo, más o menos, como usted y como yo: un aficionado al cine. Un cinéfilo que se verá envuelto en una intriga internacional y descubrirá que Escandinavia no es tan civilizada como dicen. ¡Y cuidado con las apariencias, amigo Requena!

 

Gilda en los Andes, escrita por Fernando Marañón y publicada por la editorial Berenice, es un libro de película. Una historia de amor, alcohol y sexo, dilemas morales, asesinatos y espías, grabada en una estructura narrativa compleja, enrevesada incluso.

¿Para cuándo una adaptación cinematográfica dirigida por Urbizu, Monzón o Alberto Rodríguez? ¿O usted, lector cosmopolita, preferiría a David Fincher?

 

Decimos que es un libro de película. Y tanto. Las he ido anotando:

El ángel exterminador, Apocalypse Now, Avatar, Back to God’s Country, Belle de jour, Bienvenido Míster Marshall, Botón de ancla, Campanadas a medianoche, Chinatown, 55 días en Pekín, Cleopatra, La colmena, Le coucher de la Mariée, La dama de blanco, Desafío total, El Dorado, Dublineses, El eclipse, La edad de oro, La escopeta nacional, Éxtasis, El fantasma de la libertad, Fantomas, El festín de Babette, La gata sobre el tejado de zinc (caliente), Gilda, El halcón maltés, El hombre que pudo reinar, La hora final, La huella, La jungla de asfalto, Kvinna i vitt, Llueve sobre mi corazón, Los mercenarios, Muere otro día, Nazarín, La noche de la iguana, Nunca digas nunca jamás, Nymphomaniac, Los olvidados, Once bajo la lona, El Padrino, Paisà, Paseo por el amor y la muerte, Patrimonio nacional, Pelle el conquistador, Un perro andaluz, Quiero la cabeza de Alfredo García, El Quijote, RoGoPag, Recluta con niño, La reina de África, Roma, ciudad abierta, Ronin, Los santos inocentes, La sirène des tropiques, Los sobornados, El sueño eterno, Star Wars, Tarzan and His Mate, Te querré siempre, Tiburón, Tres fronteras, Tristana, El último tango en París, Los vengadores, Viajes con mi tía, La vida de Brian, La vida es sueño, Vidas rebeldes, Viridiana, Zorba el griego

Seguro que se me ha escapado alguna. Son películas citadas en el libro, varias de ellas más de una vez, alguna tiene incluso peso dramático en la historia.

 

¿Y no son los actores y actrices la pieza fundamental del séptimo arte?

Ciertamente. Por esta novela mitómana desfilan tipos que le sonarán: Sean Connery, Michael Caine, Gregory Peck, Charlton Heston, Tyrone Power, Gene Kelly, Fred Astaire, Frank Sinatra, Pierce Brosnan, Humphrey Bogart, Jack Nicholson, David Niven, Lawrence Olivier, Robert Mitchum, John Wayne y Marlon Brando.

 

¿Y qué hay de las actrices?

Pues muchas, también; y de todas las épocas. Marañón no las escoge feas, precisamente: Linda Darnell, Geraldine Chaplin, Ava Gardner, Esther Williams, Sofia Loren, Catherine Deneuve, Silvia Pinal, Carla Bruni, Halle Berry, Ingrid Bergman, Jeanne Moreau, Hedy Lamarr, Faye Dunaway, Marilyn Monroe, Scarlett Johansson, Sarah Bernhardt, Jessica Biel, Rita Hayworth, Simone Mareuil, Josephine Baker, Monica Bellucci…

 

¿Pero no es una novela española? Claro que sí. Y el cine español está muy presente.

Pasen y vean: Luis Buñuel, Luis Escobar, Margarita Lozano, Paco Rabal, Fernando Rey, Luis García Berlanga, Sara Montiel, María Asquerino, Concha Velasco, Fernando Fernán Gómez, Mónica Randall, José Luis Garci, Almodóvar, Rafael Rivelles, Lola Membrives, Antonio Vico, Lola Flores, Juan Echanove, Neville…

 

¿Qué directores han inspirado Gilda en los Andes?

He anotado unos cuantos: John Huston y Steven Spielberg, George Lucas y Charles Chaplin, Orson Welles y Howard Hawks, Woody Allen y Coppola, George Cukor y Roger Corman, Scorsese y James Cameron, Hitchcock y David Hartford, Cedric Gibbons y Fritz Lang, John Ford y Frankenheimer…

 

¿Y fuera del mundo anglófono?

También, por supuesto. Porque Marañón, cinéfilo sensible e ilustrado, no le hace ascos a nada. Observen qué excelso listado: Truffaut, Lars Von Trier y Gabriel Axel; Bille August, Rossellini y Godard; Visconti, Fellini y Polanski; Gustav Machaty, Mizoguchi y Michael Cacoyannis; Lumière, Paul Verhoeven y Eugéne Pirou; Albert Kirchner, Jean Epstein y Dreyer…

 

Y sale el movimiento Dogma y los Cuadernillos de la Filmoteca. El Imperio Bronston y el Festival de Cannes. La Junta de Censura, Cantinflas y James Bond. El Neorrealismo y Cinecittá. Fotogramas y el British Film Institute. El VHS y el DVD. Jack London y Galdós. Faulkner y El corazón de las tinieblas. Los Beatles y Robin Hood. Alfonso XIII y Wilkie Collins. Curro Romero y Cortázar. Hemingway y Alberti. Andre Breton y Max Ernst. Tristan Tzara y Paul Eluard. García Lorca y Juan Ramón Jiménez. Salvador Dalí y Rene Magritte… ¡Cuidado, Requena! ¡Esto no es una pipa!

 

Mucha cultura, muchas referencias, mucha riqueza de vocabulario, muchas voces y sombras de celuloide. Uno adivina que Marañón se ha documentado como Dios manda, escribiendo por tierra, mar y aire, en el despacho y el aeropuerto, en Cuba y Madrid, en el portátil y la Blackberry. Hasta sobre una servilleta de papel, en la barra de un bar, tomando cañas.

 

Gilda en los Andes es una novela con toneladas de cine y kilos de literatura. Combina el cine negro y el casticismo, la intriga de espías y las mujeres fatales, la melancolía y el malditismo, Umbral y Stieg Larsson, Cela y Le Carré, Galdós y Hemingway. La asepsia escandinava se enfrenta el humor gaditano. Las citas de películas se suceden a las citas (más o menos) a ciegas. Se desprende una visión tenebrosa del autor sobre las relaciones entre Estado y cultura. Por no hablar de los políticos, que parecen los otros malos de la película. O los malos, a secas.

 

Y será culpa de este torpe lector si al final la trama termina siendo algo confusa y uno se pierde unos fotogramas de aquí o allá. No importa. La novela se lee de un tirón, como reza un tópico que se confirma pocas veces, y nos deja relamidos de placer ante tal sabroso pastel de amor por el cine y la literatura.

 

Y voy a terminar con un último dilema moral, de los que tanto abundan en Gilda en los Andes, uno digno de Marañón y del Cuestionario Proust

¿Scarlett Johansson o Ava Gardner?

 

Hasta la próxima novela, Antón Requena.

 

 

(Luis Serrano. Mayo, 2017)